EL GURÚ GOBIND SINGH
(1666-1708; Gurúado1  1675-1708)

            Puede no estar aquí fuera de lugar decir que, a lo largo de los anales de la historia humana, no ha habido ningún otro individuo que pudo haber tenido una personalidad más inspiradora como el Gurú Gobind Singh. En su cúspide, el décimo Nânak infundió el espíritu de ambas la santidad y la osadía tanto en la mente como en el corazón de sus seguidores y sus seguidoras para luchar contra la opresión y poder  así   restaurar la justicia y  la dharma, u honradez, y liberar  a los pueblos oprimidos de este mundo. Se dice que después del martirio del Gurú Tegh Bahadur, el décimo Maestro declaró que él crearía semejante panth, o nación, la cual  no sería intimidada por los gobernantes tiranos, sino que más bien preferiría desafiar al opresor en cualquier momento de la vida y restaurar   así  la justicia, la igualdad y la paz para  la humanidad. Resolvió además que se sentiría digno de  ser llamado Gobind Singh únicamente  después  de que cada miembro específico de su nación basada en la Khalsa, o Comunidad de los Puros, desafiara con éxito y osadía  al ejército de ciento veinticinco mil enemigos en el campo de batalla:

                        El Divino Gurú me ha enviado para defender la fe          

                        y por esa razón, yo he nacido en el mundo.             

                        Llevad  la fe por todas partes,                               

                        asid y destruid el mal y el pecado.                    

                        Entended esto, hombres santos, en vuestra mente.            

                        Yo nací para el propósito de extender la fe,

                        salvar a los santos y extirpar a todos los tiranos.

                        —sección “Chaupai”, cap. “Bachitar Natak”,

                        Dasam granth del Gurú Gobind Singh

Este principio fue legítimamente probado en la  batalla de Chamkaur Sahib cuando Sahibzada Ajit Singh, hijo mayor del Gurú y de únicamente  unos 18 años, desafió a las fuerzas de los mongoles2  y las de sus aliados—los  rajás serranos o rurales.

            El martirio del Gurú Tegh Bahadur simbolizó en sí mismo 1) la resistencia contra la tiranía impuesta por el régimen musulmán y 2) la lucha a favor de una nueva sociedad. Cuando el mal sostiene en alto la cabeza, ¿debe el santo varón someterse a él o tomar las armas  para combatirlo y destruirlo? El joven Gurú Gobind Rai decidió a favor del último camino, es decir, el combatir el mal y elevar la honradez. Por tanto, instó a sus discípulos al uso de la espada si todos los otros medios fallaban en li-quidar a los impíos y su maldad. Para lograr esta misión, emitió  hukamnamas, o cartas públicas de autoridad, a sus seguidores para que le  ofrecie-ran armas de diferentes diseños. Las órdenes del Gurú fueron obedecidas con gran celo y devoción. Gobind Rei mismo llevaba uniforme, portaba armas y animó a otros para que practicaran el tiro de arco y dispararan el mosquete. Como parte de un programa de cultura física, fomentó varios vigorosos deportes con la intención de  desarrollar los músculos de sus seguidores. Llenos de instintos marciales, muchos discípulos y discípulas, cuyos antepasados habían servido al  padre y al abuelo del Gurú, se unieron a él en grandes números.  Los principales  acompañantes de ese momento eran: su tía bibi o doña Viro (la hija de Gurú Har Gobind) y cinco hijos (Sango Shah, Jit Mal, Gopal Chand, Ganga Ram, Mohri Chand);  los dos hijos de su tío Suraj Mal: Gulab Rai y Sham Das; su tío materno Kirpal Chand; el bhai   Daya Ram,  amigo desde la  juventud; y el bhai3 Nand Chand, un  favorito masand.4

            El Gurú les enseñaba a sus discípulos que llevaran una vida de significado y bien disciplinada. Según las costumbres de sus precursores, se levantaba muy temprano por la mañana y realizaba sus devociones.  Particularmente, sentía felicidad de escuchar  la “Asa  di var”—una sección de sagrada escritura de 24 largas estrofas recitada por la mañana con acompañamiento musical. Después del amanecer, les daba instrucción di-vina a sus sijs y luego practicaba  ejercicios marciales. Por la tarde, recibía a sus discípulos, iba a practicar el tiro de arco o corría a caballo. Cerraba el anochecer celebrando el servicio divino de las rehras—una sección de escritura sagrada  recitada por el anochecer. La guapa apariencia del Gurú era muy admirada  por ambos las mujeres y los hombres. Residente de Lahore, una persona llamada Bhikhia vino a visitarlo. Viendo al guapo joven Gurú, el bhai Bhikhia le ofreció  a Gobind Singh la mano de su hija Jito en matrimonio. La propuesta fue aceptada y  en Anandpur hubo una gran celebración en ocasión de la pronta ceremonia de los futuros esposos. El vigésimo-tercer día del mes de har o junio Sambat5 1734 —1677 d. de C.— fue fijado como la fecha de la boda.   Para la ocasión, el Gurú envió invitaciones a los cuatro vientos y, como resultado, así los sijs llegaron en multitudes  desde varios lugares, inclusive Lahore.  Cerca de Anandpur, se seleccionó un lugar, que se llamaba Gurú ki  Lahore, donde se llevó a cabo la ceremonia.6

LA VISITA  DE  DUNI  CHAND  Y  EL  RAJÁ  RATTAN  RAI

            Con su corazón lleno de amor y devoción para con el Maestro, multitudes de gente  se apiñaban para verlo. Algunas venían de Kabul, Qandhar, Gazni, Balkh y Bukhara. Traían consigo muchos regalos de valor inestimable (tapetes, alfombras, mantones y otros objetos preciosos) cuando llegaban  a hacerle homenaje a su Señor. Uno de los devotos, Duni Chand visitó Anandpur en 1681 y le regaló al Gurú una shamiana,  o tienda de campaña hecha de lana, la cual  excedía el nivel de la excelencia. Venía bordada con oro y plata y tachonada de perlas. Se dice que su esplendor superaba el  de la  shamiana  del emperador.

            Por la gracia del Gurú Tegh Bahadur, el rajá Ram de Assam fue bendecido  con un hijo, Rattan Rai.  El rajá quería llevar a su hijo al Gurú Gobind Singh, pero Ram de repente murió y no pudo visitar Anandpur. Como última petición a su rani,7   le pidió que el príncipe fuera criado como un devoto sij. La rani  cumplió fielmente con los deseos  de su marido y le  impartió al príncipe durante la niñez  el conocimiento de la vida y las enseñanzas de los Gurús. Cuando  el príncipe Rattan Rai cumplió la edad de los doce años, le dio una inclinación por ver al Gurú. De acuerdo a su deseo,  el príncipe, su madre y varios de sus ministros procedieron a Anandpur. Llevaba con él una ofrenda de cinco caballos con arreos dorados, un  muy pequeño elefante y un arma versátil. De ésta, se podían  configurar cinco tipos de armas: una pistola, una espada, una lanza, una daga y un garrote.

            Al joven rajá se le extendió una gran recepción. Entregó sus regalos y oró ante el Gurú para que le concediera la fe sij.  Todos sus deseos se le concedieron. Rattan Rai demostró todas las características de sus regalos. Instruyó al elefante para que le limpiara los zapatos al Gurú y se los mantuviera en orden. Dicha la primera palabra del mandato, el animal tomó un chauri, o abanico,  y lo afanó por encima del Gurú. El joven rajá le pidió al Gurú que nunca dejara de poseer el elefante.

            El príncipe Rattan Rai y su comitiva permanecieron en Anandpur  cinco meses y durante ese tiempo, él disfrutó de los kirtan,  cantos corea-dos en grupo, y se sintió exaltado por los sermones del Gurú. En el momento de la salida para regresar a la provincia de Assam,  el Gurú los acompañó alguna distancia y luego les dijo adiós. Los despidió con varios  regalos. Además de estos obsequios materiales, el Gurú le dio al joven rajá una rattan8  o joya de Nam,9   siendo ésta el máximo regalo de la vida:

                        Nam es la invaluable Joya

                        que poesía el perfecto Gurú:    

                        si uno mismo se dedica con amor

                        al Verdadero Gurú,         

                        Él enciende en el corazón de uno

                        la Luz de la Sabiduría

                        y así Nam se nos es revelado.

                        Bendito es el afortunado

                        que llega a conocer al Gurú.

                                    —”Sri raga mohalla 4”,    40

RANJIT  NAGARA

            El  ejército del Gurú crecía día a día y  tenía  ya planeada la cons-trucción de un enorme tambor de guerra el cual se consideraba un necesario elemento para animar a su ejército y sin el cual el Gurú juzgaba su equipo marcial como incompleto. El trabajo del tambor se  lo confió a su dewan10  Nand Chand. En esos días, únicamente un jefe independiente podía usar tal tipo de tambor dentro de los límites de su  propio territorio. El tocar el tambor  dentro del dominio de otro jefe era un acto hostil y significaba una abierta invitación a la guerra. La tarea lograda de manufacturar el enorme tambor, al cual se le llamó Ranjit Nagara,11 se celebró con oraciones y la distribución de parshad, o sagrada comida. Cuando se  tocaba el tambor, los hombres y mujeres de la ciudad venían a admirarlo y se llevaba a cabo una gran celebración.

            Un día el Gurú y sus hombres salieron de caza. Cuando llegaron cerca de Bilaspur, la capital de Kahlur, tocaron el tambor.  El estruendo parecía un trueno de tormenta  y  los serranos temían algún peligro. De  Kahlur, el rajá Bhim Chand consultó con su Primer Ministro y éste le aconsejó que se trataba del tambor del Gurú. Su  dueño era, primero, digno de ser adorado; segundo, mantenía un numeroso ejército y era muy temido; y tercero, se le conocía como  un valiente.  Además, ese tipo  de hombre resultaba muchas veces útil como aliado. Después de oír esto, al rajá Bhim Chand le dio el deseo de  conocer al Gurú y despachó a su Primer Ministro para  arreglar una entrevista, la cual  se le concedió. De acuerdo, el rajá asistió a la cita en Anandpur acompañado de sus nobles.

EL RAJÁ BHIM CHAND Y EL GURÚ

            Al rajá Bhim Chand se le recibió en la darbar12 del Gurú con gran honor. Le suplicó al Gurú  que le  permitiera ver los regalos obsequiados por el rajá de Assam. Se le mostraron a Bhim Chand todos los regalos. El rajá quedó asombrado del esplendor de la tienda de campaña tipo kabuli.13    Le dijeron que era la ofrenda de un  pío sij de Kabul. Durante la conversación, dejaron entrar al bellamente decorado elefante; Bhim Chand quedó maravillado y expresó su ilimitada admiración de todo lo que él había visto. En el camino a  casa,   le ardía  la mente de celos por tanto el dominio como  la riqueza del Gurú y tomó la  decisión de por lo menos apropiarse  del elefante.

            Habiendo retornado a la capital, el rajá Bhim Chand comunicó sus planes a los nobles.  Se decidió que  se le debía  enviar un mensaje al Gurú:  la comitiva del rajá Fateh Chand de Garhwal venía en camino con el objetivo de desposar a la hija del rajá con el hijo de Bhim Chand y este último deseaba pedir prestado el elefante para exhibir así  su riqueza a los invitados. Cuando el mensaje se le entregó, el  Gurú Gobind Singh sabía  que sólo era  un truco para obtener la posesión permanente del animal. Le envió una respuesta a Bhim Chand: “El rajá que me hizo el regaló del elefante, me pidió que no permitiese al animal dejar  mi posesión. Es el principio de la casa del Gurú cumplir con tales peticiones.”  Se dice que el rajá envió tres veces a sus emisarios, siendo el último el rajá Kesari Chand  de Jaswal, mas el Gurú no cambió de posición y no se pudo cumplir  el deseo  de Bhim Chand.  A consecuencia, se  enojó y planeó tomar venganza.

            En su mayoría, los masands se sentían agitados con las preparaciones bélicas del Gurú y le pidieron a la madre de Gobind Singh que lo disuadiera de tales actividades para que no le trajeran  algún futuro problema. Cuando su madre le habló  del caso, el Gurú contestó, “Querida madre, he sido enviado al mundo por Dios Inmortal. Quien lo venere a Él será feliz,  pero quien actúe impúdicamente y venere a las piedras, recibirá una retribución bien merecida. Ésta es la misión que Dios me dio a mí.  Si hoy yo le envío el elefante al rajá Bhim Chand,  mañana yo tendré que pagarle tributo.” El bhai Nand Chand se unió  entonces a la conversación  y dijo, “Madre, ¿el león le ha temido alguna vez a los chacales? ¿Alguna vez alguien ha visto  la luz de la luciérnaga bajo los deslumbrantes rayos del sol? ¿Cuánto vale  una gota de agua en comparación al  océano? El Gurú es un valiente tigre  y tan espléndido como el sol. ¿Debe Gobind Rai  temerle a Bhim Chand?”  El Maestro puso fin a la discusión diciendo, “Querida madre, no consideréis los malos consejos de los masands. Ellos se han vuelto unos cobardes como resultado de disfrutar  de las ofrendas de los sijs.”

            El Gurú y sus tropas continuaron practicando al tiro de arco y se dedicaron a la halconería. Los sijs continuamente siguieron visitándolo y trayéndole ofrendas de armas. A quienes venían a dar servicio militar se les recibía al instante  y se les enseñaba el manejo y el uso  de las armas. De esta manera, el Gurú reunió un ejército considerable.

EL GURÚ SALE HACIA PAUNTA SAHIB

            Entretanto, el rajá Medani Parkash de Nahan invitó al Gurú que  lo visitara. Se aceptó la  invitación  y Gobind Singh salió para Nahan. A Gulab Rai y a Sham Das se les encargó  la defensa de Anandpur. El rajá Medani Parkash salió a saludar y a darle la bienvenida al Gurú y luego lo trasladó a su palacio. Un día el rajá lo llevó a una excursión de caza  y se quejó de que el rajá Fateh Shah de Garhwal se peleaba a menudo con él por la tierra en la  cual ahora estaban de pie. Sugirió que él estaría muy contento si un fuerte fuera construido en ese lugar para protegerse uno contra el enemigo. El Gurú armó una tienda de campaña en ese lugar e instituyó una darbar. Colocó Gobind Singh la primera piedra de los cimientos  para el fuerte. Con la ayuda del ejército del  rajá y con el fervor y la energía de los albañiles,  se construyó el fuerte dentro de un  corto tiempo. El Gurú lo nombró Paunta, empezó a vivir dentro de los cuatro muros  y continuó aumentando el tamaño de su ejército.

            Gobernante de  Garhwal, el rajá Fateh Shah llegó a cierta conclusión: porque el Gurú había empezado a vivir cerca de  su territorio, sería políticamente prudente tener con él  buenas  relaciones.  De acuerdo a esto, el rajá decidió hacerle una visita al Gurú.  Se le recibió con gran honor en la darbar del Gurú. Durante la visita, Gobind Singh envió a  su tío Kirpal a hablar con el rajá Fateh Shah para que le sugiriera que sería ventajoso si éste y el rajá de Nahan estuvieran en buenas  relaciones. Inmediatamente, el rajá Fateh Shah declaró su concordancia. El Gurú envió en seguida por  el rajá de Nahan.  Poco después, reunió  a ambos  rajás en la corte al aire libre y los alentó a darse un abrazo y a formar una buena amistad.

            En ese mismo momento,  llegó corriendo un serrano con la noticia de que un tigre feroz estaba matando el ganado de  la vecindad. Le pidió al Gurú que  librara al campo del animal salvaje. Gobind Singh se llevó a los dos rajás y a otros al lugar donde se decía que el tigre estaba aterrorizando a la gente. Al escuchar los pasos de los cazadores, el tigre se sentó  y se quedó viendo a sus perseguidores. El Gurú  hizo un llamado para que alguien se enfrentara al tigre con espada y escudo. Nadie dio el paso adelante. Con  su espada y  su escudo en mano,  el Gurú desafió  a continuación al tigre. Dando un rugido, el tigre se levantó y saltó contra el Gurú, quien lo detuvo usando el escudo y le dio en el  flanco con la espada, cortándolo en dos. Los rajás y el grupo de cazadores quedaron  asombrados y admirados de la fuerza y la  valentía del Gurú.

EL RECLAMO DE RAM RAI

            Cuando se le  envió a Delhi en nombre del Gurú, el hijo  mayor del Gurú Har Rai, Ram Rai, distorsionó las  santas palabras del Gurú Nânak en la corte del Emperador Aurangzeb para agradar a este último.   Por este hecho, el Gurú Har Rai lo repudió y lo excomulgó de la fe sij.   Por su parte, el Emperador le dio a Ram Rai una  propiedad donde el hijo mayor fundó el pueblo de Dehra Dun y continuó viviendo allí. Ram Rai  se auto-proclamó como el verdadero Gurú. Siendo un instrumento conscientemente útil en las manos del Emperador mongol,  Ram Rai intentó conti-nuamente dañar la causa de los sijs. Puesto que ahora el Gurú Gobind Singh había venido a Paunta, que estaba a sólo treinta millas14  de Dehra Dun, a Ram Rai le entró el temor y no podía sacar valor para enfrentarlo. Una discusión se inició en la corte de Ram Rai sobre todo esto. Enterándose de la ansiedad de Ram Rai, el Gurú Gobind Singh envió a Nand Chand y a Daya Ram para que tranquilizaran a Ram Rai y le informaran  que ningún daño se le haría.  Al recibir este mensaje del Gurú, Ram Rai quedó muy encantado.  Les regaló túnicas de honor a Nand Chand y a Daya Ram y decidió estar en  buenas relaciones con el Gurú.

            Se dice que una reunión entre el Gurú y Ram Rai se llevó a cabo en una barca a la mitad de un arroyo. Ram Rai tocó en reverencia los pies del Gurú y dijo, “Soy yo un afortunado de haber podido veros. Cuando yo me vaya, proteged a mi familia. Mi padre el Gurú Har Rai decía que alguien nacería dentro de nuestra familia quien restauraría y renovaría la nave para el seguro transporte de las almas.”  Pidió el perdón. Poco después, mientras estaba meditando, Ram Rai fue incinerado por sus propios masands sin que éstos le hicieran caso a las súplicas y oraciones de la esposa, Punjab Kaur. Por su parte, el Gurú Gobind Singh  respondió a la súplica de justicia  por parte de  Punjab Kaur, sentenció un  estricto castigo contra los masands culpables y recompensó a quienes habían permanecido fieles a ella.

EL PIR BUDHU SHAH

            Un pir15  Budhu Shah fue un  musulmán que vivió en Sadhaura a unas diez o quince millas16 de Paunta Sahib. Era bien conocido por sus actos de piedad y tenía un gran número de discípulos. Él había oído hablar del Gurú Nânak y su misión. Se había enterado también  que el trono del Gurú Nânak ahora era ocupado por el Gurú Gobind Singh, quien  estaba residiendo en la vecindad.  En fin, decidió visitarlo. El Gurú sentó al pir musulmán cerca de él y Budhu Shah  le suplicó, ”¡Os ruego!  Decidnos cómo puede uno conocer a  Dios Todopoderoso.”  Durante la discusión, el pir  humildemente se adhirió al Maestro. Había una luz en los ojos del Gurú la cual emitía la Luz Divina  y el pir exclamó con  súbita alegría,  ”¡Alá-hu-Akbar!” ¡Grande es Dios Todopoderoso!   Después de un rato, el pir confesó, “Maestro, estaba yo espiritualmente ciego y vosotros me habéis mostrado la Luz.” Son benditas las almas en quienes el Gurú confiere la gracia divina.

LA BATALLA DE BHANGANI

            Un día el Gurú recibió una invitación del rajá Fateh Shah de Garhwal a la boda de la hija de éste con el hijo del rajá Bhim Chand de Kahlur. Este último rajá alimentaba una enemistad contra el Gurú. Decidió Gobind Singh no asistir a la boda, pero envió a sus dewanes, Nand Chand y Daya Ram,  con costosos regalos  para la princesa.

            La ruta más corta para las comitivas que iban a la boda era a través de Paunta Sahib, una región bajo el control del Gurú.   Gobind Singh se negó a darle el pase a la comitiva del rajá Bhim Chand porque no le  tenía  fe a este enemigo ya que  iba acompañado de un gran número de soldados. Después de muchas negociaciones, el Gurú le permitió al novio y a un número pequeño de sus acompañantes el cruzar por  barca cerca de Paunta Sahib. El resto de la comitiva,  inclusive el rajá Bhim Chand, tendría que seguir una ruta muy larga y  batallosa hacia Srinagar, la capital del reino de Garhwal. Esta decisión dejó al rajá  Bhim Chand bastante furioso y empezó a planear en el futuro cercano la oportunidad de dar salida a su coraje. Además, se puso  otra vez furioso cuando se enteró que los enviados del Gurú estaban presentes en  el fundo de la novia para asistir a la ceremonia matrimonial.  Por lo tanto, el rajá de Kahlur  se negó  a aceptar a la hija del rajá Fateh Shah como esposa para su hijo si el rajá  continuaba su amistad con el Gurú.   El rajá Bhim Chand, por consiguiente, le pidió a Fateh Shah  que escogiera entre él o el Gurú.   Fateh Shah se vio obligado a  escoger.  Como resultado, Nand Chand y Daya Ram tuvieron que regresarse a su tierra con los regalos. En el camino de regreso,  Nand Chand y su comitiva sufrieron un ataque a manos de las tropas del rajá Bhim Chand, pero aún así, pudieron regresar sanos y salvos a su casa. Después de que la boda se había terminado, Bhim Chand organizó un congreso con Fateh Shah y otros rajás serranos:  Kirpal de Katoch, Gopal de Guler, Hari Chand de Hadur y el rajá de Jaswal, quienes todos estuvieron allí presentes. De regreso a su dominio,   todos decidieron atacar al Gurú.

            Los rajás serranos ordenaron a sus tropas marchar contra Paunta Sahib. La noticia de un inminente ataque viajó con rapidez mucho antes de que el ejército enemigo pudiera emprender la planeada marcha.  Como resultado,  el Gurú Gobind Singh no sufrió un ataque de sorpresa.

            Bajo la recomendación del pir Budhu Shah, se les reclutó a 500 pathans17  para el  ejército del Gurú bajo el mando  de cinco jefes:  Kale Khan,  Bhikan Khan, Nijabat Khan,  Hyat Khan  y Umar Khan. Los pathans se llenaron de inquietud a razón de los  escasos recursos a la disposición del Gurú; todos ellos, excepto Kale Khan y sus cien hombres, desertaron del ejército del Gurú a la última hora y se unieron a los rajás serranos.  Todos los sadhus udasi,18  excepto su jefe Mahant Kirpal,  corrie-ron también a zancadas sin ningún regreso. El Gurú le informó a Budhu Shah de la mala conducta de los soldados pathans. El pir tomó tal conducta como una desgracia personal. Para remediar esta pérdida como corres-pondía,  Budhu Shah, junto con su hermano, sus cuatro hijos y setecientos discípulos, se pusieron a la disposición del Gurú.

            El Gurú estacionó sus tropas en un lugar elevado cerca de la aldea de Bhangani, el cual estaba a unas seis millas19  de Paunta Sahib.  Sango Shah, Jit Mal, Gopal Chand, Ganga Ram y Mohri Chand, los cinco hijos de  bibi Viro, organizaron el ataque por parte de las fuerzas del Gurú. Ellos fueron hábilmente respaldados por el bhai Daya Ram, el dewan Nand Chand, el tío Kirpal del Gurú y Mahant Kirpal. Mientras repetía sus órdenes, el Gurú se colgó la espada, se colocó el carcaj sobre los hombros, tomó el arco en las manos, montó el  corcel y gritando en la voz más alta ¡Sat Sri Akal!  procedió a enfrentarse contra los enemigos. Quedaron documentados los hechos:  1)  las pezuñas del caballo del Gurú, en un movimiento rápido, levantaron nubes de polvo que obscurecieron el sol  y 2)  los gritos de los guerreros del Gurú  se parecían a los truenos de una temporada lluviosa de tormenta. Como mencionado arriba, a las fuerzas del Gobind Singh también se les unieron  las tropas del pir Budhu Shah y cien pathans  bajo el mando de Kale Khan.

            Las fuerzas enemigas eran comandadas por el rajá Fateh Shah, a quien se le unieron  el rajá Hari Chand de Hadur, el rajá Gopal de Guler, el  rajá de Chandel, los rajás de Dadhwal y Jaswal, y los cuatrocientos pathans que habían desertado de las fuerzas del Gurú. Una severa y sangrienta  batalla tomó lugar.  Muchos  valientes soldados de ambos lados resultaron muertos. Aunque el ejército contrario superaba en un gran número a los hombres del Gurú,  los soldados enemigos no contaban con el mismo espíritu de sacrificio, ni la misma devoción a los líderes, que los sijs disfrutaban.

            Mahant Kirpal se lanzó contra Hayat Khan, un jefe pathan, y mató al desertor. Jit Mal y el rajá Hari Chand se enfrentaron en combate mano a mano. Al instante, flechas entraron por la frente de sus caballos y  ambos animales  cayeron muertos. Unos momentos después de que sus espadas chocaron, Hari Chand cayó desmayado al suelo  y Jit Mal se desplomó muerto. Otro primo del Gurú, Sango Shah, y el jefe pathan Nijabat Khan se enfrentaron uno a uno  y los dos cayeron muertos. A ese momento el Gurú se subió a su corcel y cabalgó hacia el centro del combate. Le disparó una flecha al jefe pathan  Bhikan Khan, pero le erró,  matando en su lugar al caballo del contrario. Bhikan Khan huyó. En eso, Nand Chand y Daya Ram lanzaron un ataque feroz sobre los  desmoralizados pathans, lo cual  resultó en una matanza numerosa de los traicioneros pathans. Cuando los jefes serranos vieron la derrota de los pathans, empezaron a huir del campo de batalla. En ese momento, Hari Chand recuperó el conocimiento y reapareció en la escena; con sus flechas,  les dio muerte  a  muchos valientes hombres. Al ver esto, el Gurú se enfrentó a Hari Chand y,  en el capítulo “Bachitar Natak”, Gobind Singh describe así el combate: 

                       

                  Hari Chand, uno de los jefes serranos, lleno de rabia, disparó                                  sus flechas. Le dio a mi corcel con una de ellas y luego me disparó              una a mí, pero Dios me salvó y la flecha en vuelo sólo me rozó la                       oreja. La tercera flecha penetró la hebilla de  mi cinto y me tocó la                     cintura, pero no me hirió. Únicamente  la gracia de  Dios protegió                      a mi persona, su sirviente. Cuando yo sentí la punta de  la flecha,                       mi espíritu se encendió. Me hice yo de mi arco y tomando                                 puntería,  maté al joven jefe Hari Chand con el primer flechazo.                         Disparé flechas en abundancia. Visto esto, mis adversarios                                empezaron a huir. Al jefe de Korari también se lo llevó la muerte.          En seguida los serranos huyeron espantados y yo, por  la Gracia de            Dios Todopoderoso, logré la victoria.   (Traducción.)

            El Gurú se acercó al sitio donde yacían los cuerpos muertos de Sangho Shah, Jit Mal y de otros valientes sijs. Dos hijos de Budhu Shah resultaron también muertos. El Gurú ordenó que a los muertos de ambos lados se les despidiera con gran honor. A los cuerpos de los sijs se les cremó, a los de los hindúes se les lanzó al  río y a los de los musulmanes se le enterró  con toda solemnidad. El pir Budhu Shah se presentó a sí mismo y a sus dos hijos sobrevivientes ante el Gurú. En ese momento, Gobind Singh se estaba peinando el pelo. Budhu Shah le rogó que,  como un sagrado recuerdo, le regalara el peine con pelo suelto. El Gurú le dio el turbante, el peine con pelo y una  pequeña espada. Mas como el regalo mayor de todos, el Gurú lo bendijo con Nam o Nombre Divino.

EL SIGNIFICADO DE LA BATALLA DE BHANGANI

            De la batalla de Bhangani, la victoria llevó a  un significado mayor. Elevó el espíritu y fortaleció la moral de los sijs. Ya que el Gurú no adquirió ni siquiera una pulgada de territorio ni sacó alguna ventaja mate-rial, la causa abanderada por él aumentó de fuerza. Su fama se extendió por todas partes con el resultado que el suministro de armas y  caballos al Gurú aumentó abundantemente y cientos y cientos de personas se ofrecieron a formar parte de  su ejército.

            La victoria del Gurú tampoco se logró sin causar alguna preocupación por parte del gobierno mongol en  Delhi.

            También,  los rajás serranos  reconsideraron  el problema en detalle. Ambos adversarios se encontraban a polo opuesto respecto a ideología, mas aún así los rajás, siendo estimulados por su  propio interés de frustrar el dominio de  los mongoles y  ser así relevados de la carga de pagar tributo anual al Emperador mongol, deseaban  tener   relaciones cordiales con el Gurú.  Su líder el  rajá Bhim Chand llegó, por tanto, a un  acuerdo con Gobind Singh.

DE VUELTA A ANANDPUR

            El Gurú permaneció aproximadamente tres años en Paunta Sahib y su fama atrajo  a su corte a poetas, a trovadores y  a  personas sabias. Durante este período él compuso  la “Jap sahib”,20  las “Swayas”21  y la sección “Akal ustat”.22

            Ordenó a su ejército que se regresara a Anandpur y él se devolvió por Sadhaura. Acampó en Laharpur unos días.  Para que le comunicara el deseo  de  conocer  al  Gurú,   el  rajá  de Nahan  envió  a su emisario, pero

nunca se logró fijar una entrevista. Saliendo de Nahan, el Gurú entró al te-rritorio de Ramgarh en  la India y  se quedó en Tabra  más de una semana. Luego visitó a Raipur23  en respuesta a la invitación de la rani  de ese lugar. Ella lo recibió  con la mayor hospitalidad y le regaló  un  bonito caballo con costosos  arreos y una cantidad de rupias como ofrenda.  Al hijo de ella,  el Gurú le dio una espada y una escudo. Después de esto, Gobind Singh continuó su viaje a Anandpur y, pasando por Toda, Nada, Dhakoli, Kotla, Ghanaula y Bunga, llegó a Kiratpur. De allí, arribó a Anandpur en octubre de 1687. Su  hijo mayor, Ajit Singh, nació  el cuarto día de la primera mitad  del mes magh o enero, Sambat 1743—1687 d. de C.

LA EXPEDICIÓN DE ALIF KHAN

            El sur de la India se había levantado en armas. El Emperador Aurangzeb, a consecuencia,  se vio ocupado durante muchos años supri-miendo la rebelión en  esa región. Todo el costo de semejante larga guerra se cubrió por medio de instituir un  pesado tributo sobre las provincias norteñas y orientales del país. En ese momento Mian Khan era el virrey de Jammu. Él envió a su comandante en jefe, Alif  Khan, a cobrar tributo a los rajás serranos. Se dirigió primero al rajá Kirpal de Kangra, “O  págame el tributo o toma las armas contra mí.”  El rajá Kirpal le obsequió unos regalos y luego le dijo que el  rajá Bhim Chand de Kahlur era el más poderoso de todos los rajás; por tanto, si se le persuadiera a Bhim Chand ser el primero en  pagar el tributo, todos  los demás lo seguirían; si Bhim Chand se negaba a pagarlo, Kirpal apoyaría a Alif  Khan.  Para convencer a éste, Kirpal persuadió al rajá Dayal de Bijarwal a que cumpliera  las demandas de  tributo como era pedido por  Alif  Khan.

            Alif Khan adoptó la sugerencia del rajá Kirpal y procedió hacia la capital del dominio de Bhim Chand. Se detuvo en Nadaun y envió un emisario a Bhim Chand con sus demandas. Bhim Chand contestó que él se defendería en vez de pagar el tributo. Empero, su Primer Ministro le aconsejó a Bhim Chand que si él deseaba la victoria, la aseguraría únicamente si había obtenido la ayuda del Gurú. Sobre esa recomendación,  Bhim Chand envió al Primer Ministro al Gurú para conseguir de Gobind Singh el necesario apoyo. El Gurú quedó de acuerdo en apoyar el movimiento contra el tributo, lo cual simbolizaba un espíritu de desafío frente al imperialismo mongol. El Gurú encabezó personalmente un  fuerte contingente de guerreros. Los rajás de  Jaswal, Dadhwal y  Jasrot también se sumaron a la  inminente guerra.

            Bhim Chand abrió el ataque con afiladas flechas, pero los flechazos no pudieron tener ningún impacto en el enemigo debido a la posición de éste y   le dieron únicamente a las vigas de madera de la fortaleza. Las tropas de Bhim Chand empezaron a sentirse desanimadas respecto a participar en  la batalla en gesta. A esta coyuntura crítica, el Gurú jugó eficazmente su rol. Sacó  su pistola y se la apuntó al  rajá Dayal. A pesar de luchar valientemente,  el rajá cayó a tierra. El Gurú disparó flecha tras flecha al enemigo. Flechas y balas volaron en abundancia y la batalla se volvió a favor del Gurú. Alif  Khan y sus hombres huyeron, y Bhim Chand logró la victoria. Éste permaneció algún tiempo  en Nadaun donde llegó a un arreglo con Alif  Khan por medio de Kirpal, quien actuó como intermediario.

            Después de quedarse en el lugar de la batalla aproximadamente una semana, el Gurú se regresó a Anandpur. Su hijo Jujhar Singh nació el séptimo día del mes de chet o marzo,  Sambat 1747—1691 d. de C.

El ESFUERZO DE DILAWAR KHAN PARA DEBILITAR

            EL PODER DEL GURÚ

            A Dilawar Khan, que acumuló poder en el Panjab mientras Aurangzeb estaba  en  la Daccan o región sureña de la India, le dieron celos por la fama y el éxito del Gurú Gobind Singh. Envió a su hijo Khanzada con una fuerza de mil hombres para frenar el poder del Gurú en  Anandpur.  A eso de la media noche,  Khanzada inició el cruce del  río de Satluj cubriéndose con la oscuridad.   Alam Khan,  un soldado de avanzada,  le informó al Gurú de la presencia de una fuerza hostil. Se tocó inmediatamente el tambor Ranjit Nagara y los hombres del Gurú se marcharon de inmediato al río. La rápida formación de los sijs desconcertó al enemigo y las armas que empezaron las descargas de tiros  aterraron marcadamente a los hombres de Khanzada, los cuales se vieron limitados para echarse hacia atrás. Sin embargo, a su retirada saquearon la aldea de Barwa.  Lleno de vergüenza, Khanzada no pudo responder a su padre cuando éste lo censuró por la  cobardía. Esto pasó al final de 1694.

LA EXPEDICIÓN DE HUSSAIN  KHAN

            Dilawar Khan  tenía un esclavo llamado Hussain quien se vanagloriaba de que si se le daba un ejército, él saquearía la ciudad  de  Anandpur perteneciente al Gurú y cobraría tributo a Bhim Chand y a otros rajás serranos. El fracaso de Khanzada llevó a Dilawar Khan a planear un ataque mayor contra el Gurú. A continuación, envió a Hussain  Khan con una fuerza de dos mil hombres. Hussain puso al  rajá de Dadhwal de rodi-llas y saqueó  Dun. El rajá Kirpal de Kangra lo siguió en la sumisión.

 

 

Bhim Chand también alió su suerte con la de Hussain.  Ayudado de Kirpal y Bhim Chand, Hussain hizo entonces planes para proceder a Anandpur. El Gurú tenía  sus tropas listas para cualquier   inminente ataque.

            Cuando Hussain se estaba preparando para marchar hacia Anandpur, el rajá Gopal de Guler envió a su emisario para que se lograra la paz. Hussain contestó que se alegraría de entrevistarse con el rajá Gopal si le daba un subsidio como los otro rajás lo habían hecho. Gopal fue a verlo con algún dinero, pero Hussain no quedó contento con la cantidad. Los términos de Hussain eran o el  pago de diez mil rupias o el poner a Gopal y a sus tropas a la muerte. Gopal se disculpó por su incapacidad de pagar esa enorme cantidad de dinero y luego se regresó a Guler. A estas alturas, Gopal envió a su emisario al Gurú para que Gobind Singh le ayudara a lograr un arreglo negociado con Hussain. El Gurú envió a su agente, Sangtia, con una escolta de siete soldados de caballería para negociar un arreglo de paz entre Gopal y Hussain. Las dos partes no pudieron llegar  a ningún acuerdo y como resultado,  se llevó a cabo  una batalla entre Hussain, Kirpal y Bhim Chand, de un lado, y el rajá Gopal y el rajá Ram Singh, del otro. Habiendo luchado muy valientemente, Hussain pereció en el campo de  batalla. El rajá Kirpal de Kangra también fue dado muerte.  Himmat y Kimmat, dos funcionarios de Hussain Khan, también murieron en la batalla.  Del otro lado, el emisario Sangtia y sus siete soldados de caballería fueron todos dados muerte. Al enterarse de esto, Bhim Chand huyó junto con su ejército. Después de su victoria, el rajá Gopal visitó a Gobind Singh llevando ricas ofrendas y le agradeció por la otorgada gracia, la cual le trajo la victoria  en el campo de batalla. 

            Un tercer hijo, Zorawar Singh, le nació al Gurú un domingo, el primer día de la segunda mitad del mes de magh o enero, Sambat 1753—1697 d. de C.

            La derrota de Hussain  llenó de fastidio a Dilawar Khan y en seguida, envió a Jujhar Singh  y a Chandel Rai a Jaswal, pero ellos no pudieron lograr el propósito deseado. Sin embargo, capturaron a Bhalan, un lugar estratégico en ese territorio de la India. Antes de que ellos pudieran proceder más adelante, Gaj Singh de Jaswal los atacó.  Ambos Jujhar Singh y Chandel Rai lucharon como leones, pero Jujhar Singh fue muerto y Chandel Rai huyó del campo de batalla.

            La derrota de las fuerzas imperiales causó ansiedad a Aurangzeb y envió a su hijo el príncipe Muazzam  —conocido después como Bahadur Shah—  a  restaurar el  orden en la región montañosa. El príncipe tomó el cargo en agosto de  1696 y delegó a Mirza Beg para que les enseñara una lección a los rajás serranos. Éste infligió derrota tras derrota, puso al fuego a aldeas y saqueó la región. Después de Mirza Beg, el príncipe envió a cuatro otros jefes militares que,  lado a lado, castigaron a los  rajás serranos y saquearon los hogares de los apóstatas que se habían escapado la destrucción a manos de Mirza Beg.

            A su debido tiempo un cuarto hijo, Fateh Singh, le nació al Gurú un miércoles, el undécimo día del mes del mes  phagan o febrero,  Sambat 1755—1699 d. de C.

            En  Sambat 1755  ó  1698 d. de C.,  el Gurú tradujo —en la soledad y la tranquilidad de las montañas— trabajos del sánscrito al vernáculo.   Fue el 14 de junio de ese año que el Gurú, según su propio testimonio, completó la traducción del libro Ram avtar del sánscrito al hindi. En su mayoría, las composiciones que se dicen ser del décimo Gurú, no son suyas. Macauliffe escribe:

 Lo que se llama el granth24  del décimo Gurú, Dasam granth, es sólo  parcialmente su composición. La  mayor parte de este libro la escribieron unos bardos bajo su empleo. Las dos obras  intituladas “Chandi charitar” y “Bhagauti ki var” y encontradas en Dansam granth  son  traducciones abreviadas hechas por varias manos.  (Cualquiera persona con algún conocimiento del hindi puede asegurar a base de la evidencia interna asociada con el estilo que estas traducciones fueron producto de diferentes personas.)  Ambas provienen del libro Durga sapt shatti compuesta de setecientos sloks25 sobre  la materia de Durga, un episodio en  Markandeya puran  sobre  los   combates   entre   la  diosa  Durga        contra los demonios que habían declarado la guerra a  los dioses.

            Hubo cincuenta y dos26 bardos en la corte del Gurú Gobind Singh que  tradujeron  Mahabharat,  Ramayan y otras obras sobre  los nobles logros de Rama, Krishna, Chandi y  otras figuras religiosas. Sin embargo, no se debe creer que el Gurú rendía culto a estos personajes cuyos actos eran de manera escrita celebrados; todo se llevaba a cabo únicamente  con el propósito de incitar a la valentía,  distanciar la cobardía y llenar  con valor  los corazones de las tropas para defender la fe. Esto el Gurú mismo  declara en su traducción del décimo canto perteneciente a la obra Bhagwat,  “Yo he rendido en el dialecto común el décimo capítulo de Bhagwat sin otro objetivo que inspirar pasión para la guerra religiosa.”

            El Gurú nunca le tuvo fe ni  veneró a ningún otro que al Dios Inmortal, el Uno.  En la sección “Akal ustat”, escribe:

                        Fuera de vosotros Dios, 

                        yo no  venero  a nadie;

                        cualquier bendición que yo desee,

                        la recibo de Vosotros.

            El Gurú deja claro el punto susodicho en sus treinta y tres swayas, u oraciones divinas:

                        Algunos abrazan firmemente 

                        un ídolo a su pecho,

                        algunos dicen que  Siva es Dios,

                        algunos dicen que Dios está

                        en el templo de los hindúes,

                        otros creen que Él está

                        en la mezquita de los musulmanes,   

                        algunos dicen que Rama es Dios,

                        algunos dicen que es Krishna,

                        algunos  aceptan en su  corazón la

                        encarnación como Dios, 

                        mas yo me he olvidado de toda vana religión

                        y sé en mi corazón que el Creador es el único Dios.

                                        —”Swaya XII”

                        ¿Por qué llamáis Dios a Siva?

                        ¿Por qué habláis de Brahma como Dios?        

                        Dios no es Ram Chander,

                        ni Krishna ni Vishnu,

                        a quienes vosotros suponéis ser

                        los señores del mundo.

                        Sukhdev, Prasar y Vyas erraron

                        en abandonar al Uno, Dios

                        y rendir culto a muchos dioses.

                        Todos han establecido religiones falsas; 

                        de todo sentido, yo creo que hay pero

                        un Dios, el Uno.  

                                   —”Swaya XV”, el Gurú Gobind Singh

LA CREACIÓN DE LA KHALSA O COMUNIDAD DE LOS PUROS

            El Gurú les envió por todo el país hukamnamas a sus discípulos, pidiéndoles que  visitaran a Anandpur durante la Fiesta de Baisakhi —13 de vaisach o abril— celebrada en  Sambat 1756—1699 d. de C.  Parecía como si  todo el  Panjab estaba en movimiento y llegaron de todas las partes del país.

            En una baja colina situada en la ciudad de Anandpur,  sitio que  ahora se llama Kesgarh Sahib,  se armó una pequeña  tienda de campaña y una dewan,27  o asamblea de alcaldes,  se llevó a cabo al aire libre. El Gurú desenvainó su espada y en una voz retumbante dijo, “Quiero yo una cabeza.  ¿Alguno de vosostros me la puede ofrecer?” Este muy  raro pedido causó algún terror en la asamblea y las personas se quedaron aturdidas. Hubo un silencio de muerto. El Gurú hizo un segundo pedido, pero nadie dio el paso adelante. Hubo todavía más silencio. Al tercer pedido, se puso de pie   Daya Ram, un khatri28  de Lahore,  y dijo, “¡Oh verdadero rey!  Mi cabeza está a vuestro servicio.”  El Gurú tomó a Daya Ram del brazo y lo condujo adentro de  la tienda de campaña. Se oyeron una espadada y un sordo golpe en el suelo. Luego el Gurú, con su espada que goteaba  sangre, salió y dijo, “Quiero yo otra cabeza.    ¿Alguno de vosostros me la puede ofrecer?”

     NOTA: La mayoría de los escritores,  inclusive muchos sijs, declara  que el Gurú había ocultado la noche anterior  cinco cabras dentro de la tienda de campaña  sin haberle permitido a nadie saber de ello; por tanto, cuando condujo a Daya Ram  adentro de la tienda, le cortó la cabeza a una cabra  en  lugar de al fiel sij. Para estos escritores, es difícil  comprender los actos sobrenaturales del Gurú  Gobind Singh. No quieren entender que el Gurú pudo haber decapitado  a  Daya Ram y sacarlo más tarde vivo para  afuera  de la tienda de  campaña. Necesitan tomar en cuenta  que el Gurú es  la Yot, o Luz Divina, y Gobind Singh ocupaba el trono divino del Gurú Nânak. Estos escritores exhiben una total falta de respeto para con el Gurú al insinuar que Gobind Singh era incapaz de realizar hechos sobrenaturales. A base de este tipo de pensamiento, están cometiendo un sacrilegio respecto al Gurúado. El Gurú tenía el poder de resucitar a los muertos.  La Palabra Divina lo confirma:

                        Satgur me mar  jiwalei.

                                    —“Bhairon mohalla  5”,   1142

                        Mi Señor puede traer los muertos a la vida.

                                                —Traducción de lo anterior

            El susodicho  hecho  no es algo ordinario, sino  un acto sobrena-tural y sin paralelo alguno. Se realizó por medio de la directa Voluntad de Dios.  El mismo Gurú reconoce la autenticidad del acto en cuestión:

                   La Khalsa es el ejército de Dios;

                   La Khalsa se crea con la Voluntad  de Dios.

                        —el Gurú Gobind Singh, “Sarbloh granth”, Dasam granth

Otra vez en el tercer pedido, el jat29 Dharam Das de Delhi dio el paso adelante y dijo, “¡Oh verdadero rey! Mi cabeza está a vuestra disposición.” El Gurú se llevó a Dharam Das hacia adentro de la tienda de campaña y, de nuevo,  se escucharon una espadada y un sordo golpe, saliendo Gobind Singh otra vez con la espada que goteaba sangre. Repitió una vez más,  “Quiero yo otra cabeza. ¿Alguno de vosostros me la puede ofrecer?”  Ante el repetido y raro pedido, algunas personas en la asamblea comentaron que el Gurú había perdido toda la razón y se fueron a quejar a la madre. 

            Mohkam Chand,30  un lavandero de la Dwarka, o costa oriental de la India, se ofreció como el sacrificio. El Gurú lo condujo personalmente adentro de la tienda de campaña y repitió  el mismo proceso. Cuando  otra vez  salió afuera, Gobind Singh hizo el pedido por una cuarta cabeza. Los  sijs empezaron a pensar que el Gurú  iba a matarlos a todos. Algunos co-rrieron lejos y otros colgaron la cabeza.  Himmat Chand, un cocinero de Jagan Nath Puri, se ofreció como el cuarto sacrificio. Un rato después,  el Gurú hizo un quinto y último pedido para la  quinta cabeza. Sahib Chand, un barbero de Bidar,31 dio el paso adelante y el Gurú lo condujo adentro de la tienda. Una espadaza y un golpe sordo se escucharon.

            En el caso del último pedido, el Gurú se quedó mucho más tiempo adentro de la tienda de campaña. Las personas afuera empezaron a respirar con alivio.   A Gobind Singh, los voluntarios  le habían ofrecido la cabeza propia; de su parte, el Gurú  les había dado ahora de su propia persona y de la Gloria. Dentro de la tienda, el Gurú los había vestido de espléndidos y ricos atavíos. Cuando los sacó afuera de la tienda vivos a todos, ¡los cinco fieles voluntarios emitían la forma más radiante! Por todos lados hubo exclamaciones de maravilla y suspirados deseos tardíos. Las personas se sentían ahora  avergonzadas de no haber ofrecido la cabeza.

            Desde la época del Gurú Nânak, la ceremonia de la charanpauhal32   había sido la acostumbrada forma de la iniciación al sijismo. Las personas se bebían el agua santa que o había tocado  el dedo del pie del Gurú o  le había lavado los pies. El Gurú procedió a iniciar en la ceremonia a los susodichos cinco fieles, pero esta vez formarían parte de una nueva orden sij.  Primero, les pidió que se pusieran de pie.  Luego, en una  batta de sarbloh, o  vasija de hierro,   vació  agua pura y la meneó con una khanda, o pequeña espada de dos filos. Mientras meneaba el agua con la khanda, recitaba la Gurbani o  Palabra Divina en la forma de las cinco banis u oraciones de sagrada escritura:  “Japji”,33  “Jap sahib”, “Anand sahib”, “Swayas” y “Chaupai”. Al agua  le mezcló unos  patasas, o  cristales de azúcar,  los cuales había traído  Sahib Kaur,  esposa del Gurú,  para la ocasión de ese momento.  

            A continuación, se levantó el Gurú llevando con su persona el sagrado amrit34 preparado en la vasija de acero. Cada uno de  los cinco creyentes, hincado él sobre la rodilla izquierda, alzaba a su turno la vista hacia el Maestro para recibir la Luz Eterna. A cada uno de ellos el Gurú le daba cinco palmas de la mano  llenas de amrit  para que se las bebiera, le rociaba agua cinco veces en los ojos y,  con cada rociado, le pedía a cada uno  repetir, “Waheguru  ji ka Khalsa, Waheguru ji ki Fateh.”  Es decir:  La Khalsa o Comunidad de los Puros le pertenece a Dios y todos los triunfos a su Nombre.  Ungió en seguida  a cada uno con cinco rociados sobre  el pelo. Del mismo recipiente,  se les administró  de  la manera  descrita el  amrit a los cinco creyentes. El Gurú le  pidió después a cada uno que, de la misma vasija de hierro, bebiera amrit a sorbos  para  cerrar  así la iniciación propia a la comunidad sin castas:  la Khalsa.  De tal forma, el Gurú bautizó a todos los cinco creyentes y luego  los nombró los Panj Pyare o Cinco Amados.  Se les apartó para únicamente ellos el apelativo de singh, o  león,  y se les dio a cada uno un nuevo nombre:  Daya Ram había renacido como Daya Singh; Dharam Das como Dharam Singh; Mohkam Chand como Mohkam Singh; Himmat Chand como Himmat Singh; y Sahib Chand como Sahib Singh. A partir de esta iniciación, el Gurú se dirigía a ellos como los Supremos, los Liberados y los Puros,  y los llamó la Khalsa.   

            Les ordenó luego  vivir su vida bajo ciertas condiciones:

A. Primero, deben llevar los siguientes cinco  artículos cuyo nombre de cada uno empieza con la letra k:

   1. kes: el pelo intonso o sin cortar. Esto significa la apariencia natural de           

       la santidad. Ésta es la primera seña  de la fe sij.

   2. kanga:   un peine para limpiarse el pelo.

   3. kachha:   una ropa interior para denotar la castidad.

   4. kara:  una  pulsera de acero en la muñeca como un símbolo de dedica-

       ción al Esposo Divino.                        

   5. kirpan:  una  espada  para la auto-defensa, siendo ésta también un sím-

       bolo de la dignidad, el poder y el espíritu invencible. 

 

B.  Deben observar las siguientes pautas:

    1. No cortarse  el pelo del cuerpo.

    2. No usar tabaco u otros intoxicantes.

    3. No comer kutha, una carne de un animal degollado a lento paso como

        practicado por los musulmanes.

    4. No cometer el adulterio.   Par nari ki sej, bhul supne de hun, na jayo.  

        Es decir:  Nunca disfrutar, inclusive en un sueño, la cama  de una mu-

        jer que no sea la de vuestra propia esposa.

(Una pauta  suplementaria se emitió: quien  no observara alguna de las cuatro pautas, debería ser re-bautizado, pagar una multa y prometer no volver otra vez  a ofender; o debería ser  excomulgado de la Khalsa.)

C.  Deben levantarse al alba, bañarse, meditar en la Gurmantar o  Wahegurú, junto con  el  “Moolmantar” o  preámbulo “Japji”, y recitar cinco  banis:  “Japji”, “Jap sahib”  y “Swayas”, por la mañana;    “Rehras”, por la tarde; y  “Kirtan sohela”, a la ahora de acostarse en la noche.

D.  No deben tener relaciones matrimoniales con fumadoras o fumadores,   personas que mataron a sus hijas, los descendientes o los seguidores de Prithi Chand, Dhir Mal y Ram Rai, o con los masands que se han desviado de los rudimentos y principios del Gurú Nânak.  

E.  No deben rendir culto a los ídolos, a los  cementerios o  a los sitios de  cremación, sino  creer únicamente en Dios, el Uno y el Inmortal.

            El Gurú además dejó claro que los Khalsa deben practicar el uso de las armas y nunca darle la espalda al enemigo en el campo de batalla.  Siempre deben estar listos para ayudar a los pobres y proteger a quienes les han pedido la protección. Necesitaban considerar borrada su previa casta  y pensarse todos como  hermanos de una única familia.  Los sijs debían casarse entre ellas y ellos mismos.

EL MAESTRO SE CONVIERTE EN  DISCÍPULO

            Después de que el Gurú había administrado el amrit a sus Cinco Amados, se puso de pie en súplica y, con las manos dobladas, les rogó que lo bautizaran de la misma manera como él los había bautizado. Esto es la máxima expresión del  notable episodio que dio un ejemplo sin paralelo en el mundo entero:  primero,  como Gurú, él creó la Khalsa y los bendijo con el poder, la supremacía y la gloria, mas  se convirtió luego Gobind Singh en el discípulo de los Puros.  ¡Maravilloso es el Gurú Gobind Singh:  él mismo es el Maestro  y él mismo es el discípulo! Según los anales de la historia humana,  un discípulo podía llegar a ser  un Gurú, pero nunca un Gurú se convertiría en un discípulo. Los Cinco Amados quedaron sorprendidos ante semejante propuesta y reconocieron tanto su falta de dignidad como  la grandeza del Gurú, a quien ellos juzgaban como el Vicario de Dios en la tierra. Le preguntaron por qué él había hecho semejante demanda y por qué él estaba en  postura de suplicante ante ellos. Él contestó, “Yo soy el hijo del Dios Inmortal. Es por su mandato que yo he nacido y he instituido esta nueva forma de bautismo. Quienes la  acepten se conocerán de aquí en adelante como los Khalsa. La Khalsa es el Gurú y el Gurú es la Khalsa. No hay ninguna  diferencia entre vosotros y yo. Como el Gurú Nânak sentó al Gurú Angad en el trono, así yo os he hecho también un Gurú.  Por lo tanto, administradme el néctar bautismal a mí sin ninguna vacilación.”

            Como pedido, los Cinco Amados bautizaron al Gurú con  la misma susodescrita ceremonia, los mismos requisitos y las mismas pautas que él había empleado. Al Gurú entonces se le nombró Gobind Singh en lugar de Gobind Rai.

            El Gurú Gobind Singh fue el primero en tomar amrit de los Khalsa o Cinco Amados. A continuación y en unos pocos días, aproximadamente 80.000  mujeres y hombres   fueron  bautizados en la ciudad de Anandpur.

            Al crear la Khalsa, el Gurú instauró dos cualidades en una persona. Un Khalsa es un santo-soldado. Una sij o un sij es un santo porque venera al Omnipresente Espíritu Divino y es en una sij o un sij donde el Espíritu brilla,  como una bella luna llena, todo el día y toda la noche. Una sij o un sij es un soldado porque ella o él siempre está listo en la vida para tomar las armas y defender la justicia.

            El Gurú les prometió a los Cinco Amados —los Khalsa— que en cualquier momento que ellos, como grupo, le requirieran algo, él aceptaría la propuesta. Bajo este principio se estableció  una Khalsa democrática. El Gurú cumplió tal promesa sometiéndose a la demanda de los Cinco Amados en la batalla de Chamkaur: dejó la garhi, o fortaleza hecha de tierra.

            El mismo Gurú da la definición de su amada Khalsa:

            Quien constantemente mantiene                           

            una Siempre Despierta y Viviente Conciencia de Luz     

            y nunca se desvía del pensamiento de Dios el Uno;            

            quien se adorna con una fe llena de Él              

            y se compenetra totalmente del Amor del Señor,            

            y ni siquiera por equivocación pone su fe en el ayuno,       

            ni en el culto a las tumbas, sepulcros o crematorios,        

            y vive sin importarle las peregrinaciones, limosnas, caridades,                            ni las penitencias ni las austeridades, o cualquier otra cosa,                                excepto la devoción a Dios el Uno,

            y en su corazón y su alma la Luz Divina              

            brilla como la bella luna llena,                               

            se le conoce  como Khalsa

            —la más pura de las puras o

            el más puro de los puros.

                                    —“Swayas”, el Gurú Gobind Singh

  

            El historiador persa Gulam-ul-din,  reconocido cronista de esa época, le envió al  Emperador  Aurangzeb una copia de la conferencia del Gurú a sus sijs dada en el primer Festival de Baisakhi,35 Sambat 1756—1699 d. de C.  En parte,  el texto lee así:

   Sigamos todos  un único credo y hagamos desaparecer las divisiones religiosas. Las cuatro castas hindúes que tienen, cada una, diferentes reglas para el diario vivir, deben abandonar todas esas reglas y adoptar la única forma de veneración a Dios para convertirse  así  en hermanos. No permitamos que  alguien  se crea  superior a otra persona. No le demos interés  al Ganges ni  a otros lugares de peregrinación de los cuales se habla  con reverencia   en  las Shastras. No adoremos a los reencarnados,  tales como, Rama, Krishna,  Brahma y Durga. Creamos en el Gurú Nânak y en los otros Gurús sijs. Ruego que los hombres de las cuatro castas reciban mi bautismo, coman del mismo plato y jamás sientan ni aversión ni desprecio el uno del otro.

            Después que el Gurú terminó su conferencia ante la congregación, varios brahmanes y khatris  se pusieron de pie y aceptaron la religión del Gurú Nânak mientras que otros insistieron en que ellos jamás aceptarían una religión que se opusiera a las enseñanzas de las Vedas y las Shastras.

            Hasta ese momento, el liderazgo de los sijs había permanecido a mano de los khatris, que era gente urbana pero no militante. De entre ellos  se reclutaba para formar  la mayoría de los masands, pero  la situación había cambiado completamente. El campesinado y otras clases de las zonas rurales formaban ahora el gran número de los conversos.  Hasta las personas a quienes se les había  considerado la escoria de la humanidad habían cambiado como magia en seres finos y poderosos. Los barrenderos,  barberos y confiteros, que nunca habían tocado una espada y cuyas pasadas generaciones habían vivido como esclavos de las castas más altas, se  convirtieron en esforzados guerreros bajo el estimulante liderazgo  del Gurú.

            Ideológicamente, la Khalsa se fundó para hacer posible la combinación equilibrada de los ideales de bhakti y shakti: 1) la excelencia moral y  espiritual y 2) el valor o heroísmo militante dedicado al orden más alto. Es decir,  la Khalsa es una hermandad en la fe y, a la vez, una hermandad en las armas. La Khalsa simboliza en sí misma la determinación para completar la revolución social y religiosa inaugurada por el Gurú Nânak. El código de conducta diseñado para la recién creada Khalsa se  formuló de cierta manera para  imponer una  estricta disciplina sobre los sijs y asegurar una firme coherencia y compromiso de parte de la Comunidad de los Puros con respecto a  los  altos y santos  ideales del sijismo.

            Con la creación de la Khalsa, se establecieron  también algunas nuevas doctrinas. La primera fue  la democracia teocrática:  se selecciona, sin ser electos, a cinco representantes de entre las personas pertenecientes a los miles de devotas y devotos de todo el país.  La segunda es la doctrina de la responsabilidad colectiva: en presencia del santo Gurú granth sahib,  se les dio únicamente a los Cinco Amados la completa y total autoridad, la cual debe ser implícitamente  obedecida por la nación entera.

            El Gurú puso en libertad a las almas pertenecientes a la Khalsa  y les llenó el corazón con un alto anhelo por tanto la libertad religiosa y social como el progreso nacional. La Khalsa, por consiguiente, aceptó el desafío de combatir el terror inspirado por la tiranía del poderoso imperio de los mongoles y se embarcó en una lucha  nacional de liberación.

BHAI NAND LAL

            El bhai36  Nand Lal Goya, nacido en Ghazni en Afganistán en 1643, fue un reconocido estudioso persa que compuso versos escritos en alabanza de Dios y el Gurú Gobind Singh. Apenas tenía diecinueve años cuando sus padres fallecieron y después de eso, se trasladó a la ciudad de Multan.  Quedando impresionados con sus talentos escolásticos y su perso-nalidad, el  nawab37  de Multan,  lo nombró como el  mir munshi, o recau-dador de rentas sobre propiedad.  A la de edad de 45 años, dejó el puesto y emprendió la búsqueda por la paz. Por fin llegó a Anandpur. Nand Lal quería poner a prueba al  Gurú antes de que  lo pudiera aceptar como Maestro.  Arrendó una pequeña casa y residió en ella,  viviendo calladamente. Tomó la posición de que iría al Gurú únicamente cuando Gobind Singh lo llamara. Pasó mucho tiempo, pero no llegaba la deseada llamada del Gurú.  Durante ese período, Nand Lal se puso más y más inquieto, lo cual lo dejó  escrito:

                        ¿Cuánto tiempo pacientemente debo yo esperar?                          

                        Mi corazón inquieto está  por veros.                 

                        Mis  llorosos ojos, dice Goya,                               

                        se han vuelto desbordados arroyos de amor                      

                        que fluyen de apasionado afecto hacia Vos.

                                    —Traducción de lo anterior

Por fin, el Gurú pidió ver a Nand Lal. Cuando éste llegó a la corte para la darshan,38  el Gurú estaba sentado en trance con los ojos cerrados. Al ver  al Maestro, Nand Lal se quedó maravillado y anotó:

                        Mi vida y mi fe viven sometidas                     

                        a su  dulce y angélica cara;                            

                        la gloria del Cielo y la de la tierra                            

                        equivalen, si acaso,                                           

                        a un rayito de sus Áureas Miradas.                               

                                                                

                        ¡Oh,  cómo puedo yo aguantar la luz vertida                              

                        desde la penetrante mirada de su Amor                  

                        para ennoblecer e iluminar la vida!                            

                        ¡Una vislumbre del Amado es suficiente!

                                   —el bhai Nand Lal

           

            Después de un breve rato, el Maestro  abrió los ojos y,  al ver en dirección a Nand Lal, sonrió.    El mero abrir de sus ojos habilitó a  Nand Lal para que éste pudiera ver  lo Divino. Su una única mirada pero llena de Gracia del Gurú  abrió los ojos espirituales de Nand Lal. Éste se postró diciendo, “Señor, mis dudas se han evaporado.  He conocido yo la Verdad. Las puertas de mi corazón se han  abierto y yo he  conocido la paz.”

            A partir de entonces, Nand Lal siguió viviendo en Anandpur bajo el servicio y el amor del Maestro. Un día, el Gurú le habló y le dio un buen consejo, “Habéis dejado vosotros el hogar y habéis renunciado el mundo y tal renuncia es inaceptable para mí. Regresad y vivid en el mundo.  Trabajad para vuestro sustento y servid a la humanidad,  pero permaneced desligado de la mâyâ,39  o materialismo, y guardad a Dios vivo en vuestra mente.” Nand Lal le preguntó,  “¿Adónde debo ir yo, oh  Maestro?” El Gurú contestó, “A cualquier  dirección que vuestros  pies os lleven.” El bhai Nand Lal bajó en reverencia la cabeza.  Unos días más tarde salió de Anandpur.  Después de algún tiempo, llegó a Agra, ciudad del Taj Mahal, donde el príncipe Bahadur Shah tenía establecida  su corte.  Había algunos poetas, estudiosos y artistas patrocinados por el príncipe.  Dentro de poco,  se le reconoció a Nand Lal como un gran estudioso, lo cual le ganó un puesto muy alto y honorarios por parte del  príncipe. Se dice que el Emperador Aurangzeb tenía que enviar una carta al rey de Persia y la versión de esa carta escrita por Nand Lal fue juzgada como la más conveniente. A razón de eso, Aurangzeb envió por Nand Lal  y después de una entrevista, el Emperador  les comentó a sus cortesanos que era una pena que semejante hombre sabio siguiera siendo un hindú. Aurangzeb le pidió al príncipe Bahadur Shah que convirtiera a Nand Lal al Islam por medio de la persuasión, si era posible, o  por la fuerza, si era necesario. Estas noticias le llegaron al bhai  Nan Lal  y  con la ayuda de Ghiasuddin, un admirador musulmán y discípulo de él, una noche Nan  se escapó de Agra, huyendo a Anandpur—el único lugar donde tal tipo de  refugiado podía encontrar un asilo seguro.

            Disfrutando en Anandpur la  dichosa vida  a los pies del Maestro, el bhai Nand Lal  adoptó en  seguida la rutina de un discípulo consagrado. Le presentó al Gurú un trabajo en persa intitulado Bandagi Nama, donde se alaba de Dios y cuyo título el Gurú cambió a Zindagi Nama, o Dador de la Vida  Eterna. Los  siguientes dos trozos vienen de ese trabajo:

                        Ambos mundos, la tierra  y el más allá,

                        están colmados de la Luz de Dios;

                        el sol y la luna son meros sirvientes

                        quienes cargan las antorchas de Dios.

                                               

                        Quienes buscan a Dios son siempre tan civiles.

                                   —Traducción del bhai Nand Lal

EL BHAI JOGA SINGH 

            Desde muy joven Joga Singh vivió en la darbar40  del Gurú y fue un gran devoto. Un día la vista del Gurú lo captó y le  preguntó cómo se llamaba.  Él contestó, ”¡Oh verdadero rey! Mi nombre es Joga Singh.” El Gurú le preguntó, “¿El joga de quién  sois?”  (Joga significa: al servicio de quien lo merezca,   o  simplemente,  a vuestro servicio.) “Yo soy joga del Gurú;  estoy al servicio del Gurú”,  contestó Joga Singh. De su parte, el Gurú prometió, “Si vosotros sois el Joga del  Gurú, el Gurú es entonces  tere41  joga—el Gurú es entonces vuestro.”

            Después de algún tiempo,  Joga Singh viajó a su casa en Peshawar para llevar a cabo su propio  matrimonio. Cuando la boda iba a la mitad,  un hombre llegó con un mensaje urgente del Gurú para Joga donde se le pedía que procediera  a Anandpur sin ningún retraso. Joga Singh leyó la orden y al instante, salió  para Anandpur—sin completar la ceremonia de matrimonio. Obedeció siempre la orden del Gurú sobre todas las cosas.  De hecho, el camino de los devotos es más agudo que el filo de una navaja de afeitar y resulta ser  tal camino aún más angosto que el espacio entre los pelos por los cuales la navaja tiene que pasar. 

            Joga Singh hizo el  viaje a Anandpur con la rapidez más posible.  Después de cruzar  por Lahore y  Amritsar, llegó a un lugar de descanso en Hoshiarpur. En el camino se le subió el egoísmo  y  pensó, “¿Quién pudo haber actuado como yo?  De seguro, muy pocos sijs llevarían a cabo la orden del Gurú como yo.”  Este sentimiento de orgullo le trajo la caída. Durante la noche se sintió sobre-conmovido por una baja pasión y pronto  tomó el camino hacia la casa de una prostituta. Joga Singh andaba vestido con el uniforme del Gurú: un turbante y una barba. En  camino a la  prostituta, Joga Singh habló consigo mismo,  “Si alguien me ve entrar  a la casa de una prostituta, le traerá desgracia al Gurú.  Mi cuerpo lleva el atavío del Gurú. Así que nadie debe verme  ingresar a la casa de la prostituta.”

            Tan pronto como llegó cerca de la casa de la prostituta, un guardia apareció diciendo en voz alta,  “¡Tened cuidado,  compañeros!”  Joga Singh no pudo entrar a la deseada casa y siguió camino adelante hasta la siguiente calle. Echando una mirada alrededor del lugar y pensando que el guardia podía haberse  ido, de nuevo dio paso aprisa  hacia la casa de la prostituta. A su asombro, el guardia reapareció gritando,  “¡Tened cuidado, compañeros!” Joga Singh no podía permitirse el lujo de tener un  testigo que viera  su entrada a  la casa de la prostituta.   Sabía  en el corazón que eso  mancharía el nombre del  Gurú, pues como  discípulo, llevaba el uniforme de su  Gurú.  Después de intentar  llegar varias veces a la prostituta sin tener éxito, desistió finalmente del imprudente acto.

            A la siguiente mañana  reinició su viaje y llegó a Anandpur. Con su cabeza inclinada, Joga Singh se presentó sin decir nada ante el Gurú. El Gurú le preguntó sobre el bienestar de él y la familia, pero Joga Singh permaneció mudo. El  divino Maestro entonces se  dirigió a él,  “Joga Singh,  ¿recordáis cuando vosotros dijisteis que erais el Joga del Gurú, y el Gurú  prometió que si vosotros fuerais el Joga del Gurú, entonces el Gurú era tere  joga?”  Sumado a esto, el Gurú  además explicó, “Usando el uniforme de un guardia y vigilando anoche las calles de Hoshiarpur,  yo os protegí  de  la acción pecadora y así os salvé de la desgracia.”  Joga Singh cayó a los pies del Gurú y le pidió perdón.

            Tales son los modos del Maestro. Una vez que nosotros entrega-mos  nuestra completa fe a él, no nos abandona. El Gurú lo confirma así:

                        Con tal de que la Khalsa

                        se mantenga distinta e intacta,

                        yo bendeciré  a los miembros

                        en todo  sentido;

                        cuando ellos o ellas se apartan

                        del camino escogido,

                        para siempre yo los detesto.

                                    —el Gurú Gobind Singh

ACTIVIDADES DEL PERÍODO POS-KHALSA

            Los  rajás  serranos, inclusive el rajá de Kahlur, vinieron  a visitar al Gurú y tuvieron una buena y larga discusión sobre los pros y los contras de la  Khalsa. Les aconsejó que abrazaran la dimensión  religiosa  de la Khalsa para elevar así la condición decaída de su país. Los rajás serranos partieron sin haber aceptado la propuesta del Gurú de abrazar el  credo de la Khalsa.

            El efecto inmediato de la creación de la Khalsa produjo una ansiedad entre los  rajás serranos quienes consideraban las actividades del Gurú como una  poderosa amenaza  contra su propia religión y su propio poder de gobernar. Desde dondequiera que residiesen, el Gurú llamó a los sijs para que vinieran  a Anandpur y aceptaran el bautismo, convirtiéndose de esta manera  en miembros de la Khalsa.  Empezaron a llegar en grandes números  para homenajear al Gurú  y ser bautizados. El creciente número de sijs bautizados —armados con el  espíritu de la igualdad y distanciados de los modos de vivir ortodoxos— parecía siempre estar listo para comba-tir el mal y  eso alarmó a los rajás serranos que  consideraban al grupo  un directo desafío a su orden feudal y su modo ortodoxo de vivir.

            Un día, el Gurú salió a una expedición  de  caza en la región de Dun cuando Balia Chand y Alim Chand, dos jefes serranos, lanzaron un ataque de  sorpresa contra la comitiva. Había únicamente unos cuantos sijs acompañando al Gurú. Ambos grupos lucharon desesperadamente. Alim Chand dio  un golpe con  su espada a Alim Singh, quien  evitó el daño con el escudo y   de  un contraataque,  le cortó luego el brazo derecho  a Alim Chand.  Éste pudo escaparse y dejó a Balia Chand todo el liderazgo de las tropas. Empero, Balia Chand cayó muerto de un disparo  venido de  Ude Singh.  Habiendo encontrado muerto a uno de sus jefes y a otro huido, las tropas serranas abandonaron  el campo de batalla, dejando  victorioso al acompañamiento del Gurú.

LA PRIMERA BATALLA POR ANANDPUR

            Después de la mencionada derrota, los  rajás serranos consideraron muy peligroso el permitirle a los sijs que aumentaran  en número y poder. A continuación, decidieron quejarse colectivamente  al gobierno de Delhi contra los sijs. Aurangzeb todavía andaba ocupado en campañas  por el sur. El virrey de Delhi envió al general Din Beg  y al general Painde Khan, cada uno acompañado de cinco mil hombres, a combatir  la supuesta usurpación de los derechos de los  rajás serranos por parte del Gurú. Cuando las fuerzas imperiales llegaron a Rupar, se sumaron a ellas los rajás serranos.

            El Gurú nombró a  los Cinco Amados como los generales de su ejército. El cronista sij informa que, cuando empezó el enfrentamiento en Anandpur, los turcos fueron incinerados por el  mortal y continuo fuego de los sijs.  Viendo la determinada resistencia de los sijs, el general Painde Khan  les  gritó a sus hombres que lucharan hasta la muerte contra los infieles. Avanzó hacia adelante para poder desafiar en un combate de mano a mano al Gurú y le invitó a dar el primer golpe.  El Gurú rechazó el papel del agresor y afirmó que él había jurado nunca dar un golpe excepto en defensa propia. En ese instante el general Painde Khan disparó  una flecha la cual zumbó muy cerca de  la oreja del Gurú. Disparó otra flecha que también erró la marca. Todo el cuerpo de Painde Khan, excepto las orejas, estaba protegido con armadura.  Sabiendo esto, el Gurú le disparó al instante  una flecha  directamente a la oreja con tal infalible puntería que el contrario cayó del caballo a la tierra y jamás se levantó otra vez.  Sin embargo, esto no dio fin a la batalla. Din Beg asumió el mando único de las tropas. Enfurecidos por la muerte del general Painde Khan, los enemigos turcos lucharon con gran desesperación,  sin embargo,  no pudieron incurrir ningún daño a la firme posición de los sijs. Por su  lado,  los sijs causaron una gran destrucción a las filas del enemigo. Los jefes serranos abandonaron el campo de batalla. Mientras tanto, el general Din Beg resultó herido y dio la retirada,  mas los sijs lo persiguieron  hasta donde quedaba Rupar (justo a  la aldea de Khidrabad que está cerca de Chandigarh y donde existe  un gurdwara en memoria de ello). Esta batalla se llevó a cabo al principio del año  1701.

LA SEGUNDA BATALLA POR  ANANDPUR

            Los rajás de Jammu, Nurpur, Mandi, Bután, Kullu, Kionthal, Guler, Chamba, Srinagar, Dadhwal, Handur y los de otros estados índicos, se reunieron en Bilaspur para discutir la recién creada  situación.  Hijo del difunto rajá Bhim Chand, el rajá Ajmer Chand de Kahlur  les advirtió que si los rajás serranos pasaban por alto el creciente poder  del Gurú,  un día éste los sacaría a la fuerza de los territorios propios. Por otro lado,  si seguían pidiendo ayuda tras ayuda  de  Delhi, los rajás podrían ser sometidos para siempre bajo el Imperio Mongol.  Se decidió en fin que deberían defenderse por su propia cuenta. Si todos los rajás serranos contribuían un  contingente razonable, podrían agrupar un ejército numeroso que sería suficiente para aniquilar al Gurú y a sus sijs. Como resultado, se desarrolló  una simple y factible medida para sitiar Anandpur,   la capital del Gurú,  y llevar  al rendimiento  a base del hambre  a los  pobladores.

            De acuerdo con lo planeado, los  rajás reunieron los mencionados contingentes y marcharon hacia Anandpur. Al llegar cerca de la ciudad, enviaron  una carta al Gurú en la cual  declaraban, “La tierra de Anandpur es nuestra. Nosotros le dimos permiso a tu padre de vivir en ella,  pero él nunca pagó  ninguna renta. Ahora ustedes han  originado una nueva religión la cual se opone a nuestras creencias religiosas. Nosotros hemos tolerado todo esto hasta hoy en día, pero ya no podemos dejar que continúen  así las cosas. Deben pagar los atrasos de la renta  por  la ocupación de nuestra tierra y prometer desembolsar regularmente  renta  en  el futuro. Si no aceptan  nuestros términos,  prepárense entonces para salirse de Anandpur o sufrir  las consecuencias.” El Gurú contestó, “Mi padre  compró esta tierra y  pagó por ella. Si vosotros  me  priváis de Anandpur, la tendréis pero estará llena de balas. Pedidme la protección  y vos seréis feliz en ambos mundos. Pedid también la protección de la  Khalsa y dejad a un lado el orgullo. Es ahora el momento de llegar a un acuerdo. Yo ac-tuaré como mediador entre la Khalsa y vosotros.  De esa manera, podréis gobernar vuestras propias tierras  sin ningún temor.”

            Quedó así  muy claro a los rajás que el Gurú no se iba a rendir. A la  siguiente mañana sonaron el tambor de guerra. Como anticipado, un portentoso número de ranghars42 y gujars43 bajo el liderazgo de Jagatullah,  se sumó al bando de los rajás serranos.

            Quinientos hombres del área de Majha llegaron bajo el mando de Duni Chand para unirse a las fuerzas del Gurú  y otros refuerzos provenientes de otras partes llegaron también  en ese momento. Había dos fuertes principales:44    Lohgarh y Fatehgarh. El Gurú les ordenó a sus fuerzas no avanzar más allá de la ciudad sino permanecer adentro  a la defensiva lo más posible. Se nombró a Sher Singh y a Nahar Singh como jefes para proteger a  Lohgarh, y a Fatehgarh se le encargó Ude Singh. Sahibzada Ajit Singh, el hijo mayor del Gurú, le pidió permiso a su padre para sumarse a Ude Singh. 

            Los rajás serranos abrieron fuego usando armas pesadas contra la fortaleza del Gurú. Varios valientes sijs sostuvieron  una determinada defensa contra el enemigo y lo  obligaron a  retirarse. Los jefes aliados  tuvieron entonces un breve concilio de guerra en el que se decidió mandar al rajá Kesari Chand, orgulloso jefe  de Jaswal, a atacar la posición del Gurú por el flanco derecho y  a Jagatullah por el flanco izquierdo mientras que el propio Ajmer Chand y sus tropas llevaban a cabo un ataque frontal  contra Anandpur.  Jagatullah recibió un tiro mortal de Sahib Singh y los sijs no se retiraron para permitirle al enemigo que recuperara  el cuerpo. El rajá Ghumand Chand de Kangra exhortó a sus tropas,  pero fracasó en  lograr la retirada de los sijs. Los jefes serranos cayeron en una gran  frustración a causa del resultado de la batalla y convocaron un concilio de guerra esa noche. El rajá Ajmer Chand aconsejó al concilio hacer la paz con el Gurú observando que el Gurú ocupaba el trono espiritual del Gurú Nânak y no había ninguna indignidad el postrarse, como suplicantes,  ante él. Muchos rajás concordaron sobre la propuesta, mas Kesari Chand de  Jaswal se opuso  a la reconciliación y prometió pelear, al  siguiente día, con mayor determinación  para expulsar  al Gurú fuera de Anandpur.             

            A la siguiente mañana, las fuerzas aliadas se fortalecieron para  concentrar el  ataque en una parte particular de la ciudad, sin embargo,  los sijs  ofrecieron de nuevo  una valiente resistencia. Las fuerzas aliadas se esforzaron muchas veces, pero no pudieron superar a los valientes sijs  y,  como resultado,  los jefes serranos decidieron sitiar la ciudad,  lo cual duró  unas cuantas semanas. Como el bloqueo continuaba con éxito, el rajá Kesari Chand se preparó para embriagar a un elefante y mandarlo contra la ciudad. El cuerpo entero del elefante fue  aforrado de acero.  Para  el planeado ataque, una dura y aguda  lanza le salía de la frente. Al elefante intoxicado se le dirigió hacia el portón  del fuerte de Lohgarh y el ejército aliado lo seguía. El Gurú le dio su bendición al  sij Vichitar Singh  para que éste  combatiera  contra el elefante. Vichitar Singh se armó de una lanza para enfrentarse al furioso animal.  Elevó la  lanza45  y se la enterró al elefante en la cabeza traspasando  la armadura que la protegía. Sufrido esto, el animal se volcó contra los soldados serranos y  aplastó a varios  de ellos. Mientras tanto, Ude Singh  avanzó contra el rajá Kesari Chand y lo desafió, cortándole  luego la cabeza  de  una cortada. Mohkam Singh, uno de los Cinco Amados, le cortó de una espadada  la trompa al furioso elefante. Los soldados  que quedaban del ejército serrano luego huyeron.  En la retirada,  el rajá de Handur fue severamente herido por Sahib Singh.

            Al siguiente día, Ghumand Chand de Kangra comandó los ataques de sus tropas contra la ciudad. El caballo de Ghumand Chand  cayó muerto de una bala disparada del mosquete de Alim Singh. Con un éxito variado,  la batalla duró  hasta el anochecer cuando Ghumand Chand, en camino a su tienda de campaña, resultó mortalmente herido de una bala perdida. Ahora todos los jefes serranos se sentían descorazonados y desmoralizados. El  rajá Ajmer Chand fue el último en abandonar Anandpur y se marchó a casa bajo la oscuridad de la  noche. Esta batalla se llevó a cabo en 1701.

LA BATALLA POR NIRMOH

            A pesar de la derrota de las fuerzas serranas aliadas, Ajmer Chand se quedó con la determinación de echar fuera de Anandpur al Gurú. Envió a un emisario al virrey del Emperador en Sirhind y a otro emisario al vi-rrey de Delhi para quejarse de los sijs y pedirles a ambos virreyes el apoyo a favor de  los jefes serranos en la campaña para destruir el poder del Gurú y expulsarlo a éste de Anandpur. Conforme a un acuerdo,  las fuerzas imperiales recibieron la orden de  asistir a los jefes serranos en su lucha.

            Al mismo tiempo,  los rajás serranos, para evitar una futura vergüenza,  le  propusieron  al Gurú, por medio de Pamma Brahman, que ellos podrían ser buenos amigos del Gurú siempre y cuando éste se saliera de Anandpur por algún tiempo y luego después regresara. El Gurú aceptó la propuesta y salió a Nirmoh, una aldea situada a una milla de Kiratpur. Después de que el Gurú  llegó a Nirmoh, ambos el rajá Ajmer Chand y el rajá de Kangra  pensaron  que, al estar Gobind Singh  ahora al aire libre y  no tener ningún fuerte a su alrededor para protección, sería ventajoso lanzar un ataque de sorpresa.  Sin ni siquiera esperar la llegada de las tropas imperiales, atacaron al ejército del Gurú. Tomó lugar una feroz batalla de la cual los sijs salieron finalmente victoriosos. Mientras el Gurú estaba sentado una tarde frente a su corte abierta, los jefes serranos contrataron a un artillero mahometano, ofreciéndole una buena remuneración,  para que  matara al Gurú. El  artillero disparó una bala de cañón que no le atinó al Gurú pero sí se  llevó la vida de un sij que lo estaba abanicando. El Gurú  cogió su arco y disparó una flecha que mató al agresor pagado y con el disparo de otra flecha hirió mortalmente al hermano del artillero porque  le estaba ayudando en el atentado. Al ver esto,  los  serranos dejaron de luchar. A ambos mahometanos se les dio entierro en el sitio llamado Siyah Tibbi, o monte negro,  y  los sijs erigieron un gurdwara46  para conmemorar el escape del Gurú de la bala de cañón.

            El ejército de Wazir Khan, virrey de Sirhind, llegó al debido tiempo.  El Gurú se encontraba ahora en una situación muy peligrosa: por un lado,  enfrentaba a los rajás serranos; por otro, al ejército imperial.  Empero, Gobind Singh  resolvió defenderse de cualquier  manera que fuera necesario  y los sijs decidieron apoyarlo fiel y valientemente. Wazir Khan dio la orden a sus tropas de llevar a cabo una rápida carga y capturar  al  Gurú.    Por su parte, el Gurú fue exitosamente protegido por su hijo Ajit Singh y  otros guerreros valientes. Pusieron el alto al avance de las fuerzas imperiales y las rebajaron fila por fila. La carnicería continuó hasta la noche. Al siguiente día, el ejército imperial y los jefes serranos ejecutaron un furioso ataque  después de enterarse que el Gurú había decidido retirarse a Basoli, cuyo rajá frecuentemente  lo había invitado a su capital. La lucha feroz, en que resultó  muerto  el valiente Sahib Singh, continuó hasta que el ejército del Gurú llegó al río Satluj.  Mordiéndose el dedo pulgar, Wazir Khan  admitió que él jamás antes había sido testigo de  tan  encolerizado  luchar.   Junto con sus tropas,  el Gurú cruzó el río y llegó a Basoli. Los jefes serranos se llenaron de alegría y le regalaron varios elefantes a Wazir Khan, partiendo luego  a sus casas. Wazir Khan se regresó a Sirhind. Esta batalla tomó lugar a fines de 1701.

            Daya Singh y Ude Singh le urgieron  al Gurú que se regresara a Anandpur. Después de quedarse unos días en Basoli, marchó de regreso a Anandpur y los habitantes de la ciudad quedaron encantados de verlo de nuevo entre ellos. Enterándose de que el Gurú otra vez  estaba  firmemente establecido en Anandpur,  el rajá Ajmer Chand llegó a la sabia decisión de optar por la paz. El Gurú le dijo a Ajmer Chand que tenía la voluntad de llegar a un acuerdo  con él, pero que lo castigaría si de nuevo Chand fuera encontrado culpable de traición. Ajmer Chand se alegró de lograr la paz con el Gurú y envío a su sacerdote personal  con regalos para su nuevo a-liado. Los otros rajás serranos siguieron también  el ejemplo de Ajmer Chand y forjaron buenas relaciones con el Gurú.  

            Después de esto, el Gurú  regresó a Malwa para  reanudar su mi-sión religiosa. En  enero de 1703 asistió a una feria celebrada en Kurukshetra en ocasión de un eclipse solar y  allí iba a comprar caballos para  reemplazar los que habían sido muertos o robados  en la guerra anterior. La costumbre de vender e  intercambiar  caballos y otros animales en las ferias religiosas era prevaleciente inclusive durante la época del Gurú.

            Dos generales mahometanos, Saiyad Beg y Alif Khan, iban en camino de Lahore a Delhi.  Al rajá Ajmer Chand,  que también viajaba a Kurukshetra junto con otros jefes serranos, se le ocurrió  obtener la ayuda de los generales.  Les prometió  a los dos una substanciosa remuneración si atacaban al Gurú.  Sin embargo, al escuchar de varios hechos favorables atribuidos al  Gurú, Saiyad Beg  cambió de parecer y retiró  su ejército. Cuando la batalla tomó lugar en Chamkaur entre el Gurú y las tropas de Alif Khan, Saiyad Beg se unió a las fuerzas del Gurú. Como resultado,  Alif Khan se retiró de la contienda  pensando que no tenía ninguna posibi-lidad de lograr la victoria. El Gurú se retornó a Anandpur. Saiyad Beg alió su destino con él, lo acompañó  hasta Anandpur y permaneció con él como un fidedigno y  poderoso aliado.

            Después de dos años de paz, las viejas hostilidades reaparecieron. Las  razones provenían del creciente prestigio del Gurú y los resultantes  enfrentamientos entre la  rajás serranos  y los sijs.

LA TERCERA BATALLA POR ANANDPUR

            En esa época únicamente 800 sijs  en Anandpur  pertenecían al ejército del Gurú. El rajá Ajmer Chand convocó a sus aliados, los rajás de Handur, Chamba y Fatehpur, con el objetivo de castigar al Gurú.  Todos ellos se expresaron a favor de acciones inmediatas y atacaron  las fuerzas del Gurú en Anandpur. En las  pasadas batallas  por Anandpur, los sijs se habían resguardado en la mayoría de los casos detrás de sus aspilleras,  pero esta vez se enfrentaron al enemigo en el campo al aire libre fuera de Anandpur. Los sijs combatieron con el reconocido valor y la sabida determinación. Los jefes serranos no pudieron lograr ningún éxito y se retiraron de la batalla llenos de desesperación. Este combate se efectuó en 1703.

LA CUARTA BATALLA POR ANANDPUR 

 

            Debido a las repetidas peticiones  de los jefes serranos, el Emperador envió un  numeroso  ejército bajo el mando del general Saiyad Khan  a someter al Gurú. Saiyad Khan era un cuñado del pir47  Budhu Shah de Sadhaura quien había luchado al lado del Gurú en la batalla de Bhangani. En camino a Anandpur, Saiyad Khan se encontró con el pir Budhu Shah y escuchó de todos los grandes hechos del Gurú; como resultado, le dio el deseo de verlo en persona.

            Cursaba el fin de marzo de 1704 y era la temporada anual de recoger la cosecha;  por tanto,   en su mayoría, los sijs del Gurú se habían dispersado a casa.  En esa ocasión, se habían quedado únicamente quinientos esforzados combatientes en  Anandpur.  El Gurú se vio necesitado de llevar a cabo la mejor defensa posible con las  fuerzas allí presentes.  Maimun Khan, un fiel mahometano que se había unido al Gurú, le pidió  permiso para demostrar su valor.  El valiente y fiel Saiyad Beg se presentó también  a ofrecer sus  servicios. Ambos musulmanes luchaban como  tigres en el combate y los sijs les siguieron a la lucha.

            Audazmente, los sijs  avanzaron contra el enemigo. Saiyad Beg entró en un  combate mano a mano con el rajá Hari Chand. Después de que repetidamente se habían errado los golpes, Saiyad Beg  le tajó  por fin la cabeza al jefe serrano. Al presenciar esto, un miembro del ejército imperial, Din Beg,  se lanzó sobre Saiyad Beg y lo hirió mortalmente. A caba-llo, Maimun Khan embistió sobre toda dirección y sembró una gran confusión entre las tropas imperiales. El Gurú sabía lo que estaba pasando en la mente del general  Saiyad Khan y avanzó  directamente a desafiarlo.   Al lograr su anhelado deseo de verlo  en persona, Saiyad Khan desmontó y cayó a los pies del Gurú. El Gurú le confirió el verdadero Nombre.  Después de la defección de Saiyad Khan, Ramzan Khan tomó el mando de las tropas imperiales y combatió con gran bravura contra los sijs. El Gurú disparó una flecha que mató el caballo de Ramzan Khan. Los sijs se reagruparon y lanzaron un osado ataque frontal  contra el enemigo, pero siendo muy pocos en número, fueron superados  por las tropas imperiales. Cuando el Gurú se dio cuenta de que no había ninguna posibilidad de recuperar su posición, decidió  abandonar  a Anandpur. El ejército mahometano saqueó la ciudad.  Después de obtener el botín,  procedieron de regreso a Sirhind. Cuando el ejército imperial estaba descansando durante la noche, los sijs lanzaron un ataque sorpresivo, el cual sembró gran confusión en el campamento del enemigo. Los turcos que se dieron a pelear contra los sijs, encontraron la muerte y únicamente aquellos que huyeron, pudieron escapar  la venganza del ejército perseguidor del Gurú. Los sijs también los privaron de todo el botín que los mahometanos habían capturado en Anandpur. Después de eso, el Gurú regresó  a Anandpur y tomó posesión de la ciudad.

LA QUINTA BATALLA POR ANANDPUR

            A  sus tropas,  el Emperador les pidió que justificaran su cobardía. Como respuesta, le suplicaron  que  entendiera que los sijs habían sacado una injusta ventaja de su posición en el campo de batalla. En un momento dado el Emperador preguntó qué clase de persona era el Gurú  y qué poder él poseía. Un soldado mahometano relató varias coloridas historias sobre la belleza, la santidad y la proeza  del Gurú. A Gobind Singh lo describió como un  hombre  joven y  guapo, un santo viviente, el padre de su pueblo y, en la guerra, el equivalente  a ciento veinticinco mil hombres. Al escuchar esta detallada alabanza  del Gurú, al Emperador le dio un gran disgusto y ordenó que le trajeran al Gurú en persona.   Mientras tanto, el rajá Ajmer Chand hizo una  convincente petición al  Emperador para que le facilitara la ayuda militar y  pudiera así el rajá  someter al Gurú. A consecuencia, se les ordenó a los virreyes de Sirhind, Lahore y Cachemira  que  procedieran contra el Gurú.

            Unos fieles sijs informaron al Gurú sobre las preparaciones de guerra como el resultado de la petición del  rajá Ajmer Chand al Emperador.  A continuación, el Gurú hizo varios arreglos y envió llamar a sus seguidores.  De Majha, Malwa y Doaba y otros lugares, los sijs llegaron en grandes números a Anandpur. Estaban alegres de la inminente batalla y se felicitaban entre ellos mismos a razón de la buena  fortuna  bajo la cual se les permitiría  morir por  su Gurú y su fe. El Gurú les afirmó que  la muerte en el campo de batalla  a nombre de la religión es equi-valente a la fructífera devoción de muchos años y les aseguró el honor y la gloria en el mundo del más allá.

            El punto sobresaliente de este entero episodio es que,  habiendo ganado batalla tras batalla,  el Gurú nunca se adueñó de una pulgada de territorio, nunca nutrió la enemistad y nunca atacó a nadie como  agresor. Por medio de la a creación de la Khalsa, estableció como principio la igualdad y la  hermandad de la humanidad.  Miembros de los segmentos marginados de la sociedad, quienes eran puestos en ridículo por la  supuesta alta casta de  brahmanes y khatris, se habían convertido en unos osados  soldados-santos  después de haber sido bautizados por el Gurú y de haberse sumado a  la hermandad de la Khalsa. Los brahmanes y los jefes serranos consideraban este desarrollo una amenaza a su propia existencia. Estaban llevando a cabo, por eso,  una constante  guerra  contra el Gurú y los sijs. 

            Los jefes serranos que se incorporaron contra el Gurú eran el rajá Ajmer Chand de Kahlur y  los rajás de Kangra, Kullu, Kionthal, Mandi, Jammu, Nurpur, Chamba, Guler, Garhwal, Bijharwal, Darauli y Dadhwal; se les unieron los gujars  y los ranghars del área. Todos ellos constituían una  formidable fuerza. El ejército  imperial de los virreyes de Sirhind, Lahore y Cachemira llegó en tropas numerosas. El cronista  comenta juiciosamente que, a pesar de ser  pocos en número,  la Khalsa debe ser felicitada porque, a razón de disfrutar las bendiciones del Gurú, tenía la  confianza en sí misma de  luchar por su religión y estaba alegre de ánimo ante el venidero conflicto. Quedó documentado que había diez mil sijs en Anandpur mientras que el ejército opositor venía tan fuerte como de quince a veinte veces más numeroso que los sijs.

            Las fuerzas aliadas cayeron sobre Anandpur como insectos. Al ver esto,  el Gurú le ordenó a su  artillería que disparara sus cañones contra el  hostil ejército y directamente a la parte  más concentrada de soldados. El enemigo emprendió una carga para tomar la artillería, pero fueron rápidamente repelados por la mortal puntería con la cual los sijs disparaban sus cañones. Éstos tenían el apoyo de la infantería. La ciudad de Anandpur estaba situada a un nivel algo elevado y las fuerzas aliadas atacaban a campo abierto y no tenían ninguna protección; por consiguiente, caían a montones. La  feroz batalla se llevó a cabo durante unos días. A los artilleros mahometanos se les prometió una recompensa mayor si mataban al  Gurú,  pero no lograron ningún  éxito en su objetivo porque sus disparos de arma eran demasiado  altos o bajos  y jamás pudieron darle al  blanco. Encontrando  inútiles sus armas, el ejército aliado optó por la lucha de mano a mano. Al  presenciar esto, el Gurú empezó a disparar sus flechas con un maravilloso efecto. La feroz carnicería  continuó, cayendo caballos sobre caballos, hombres sobre hombres. Las fuerzas aliadas se concentraron detrás de  un  decidido esfuerzo para definitivamente triunfar, pero éste fue tan vigorosa y exitosamente repulsado que se vieron obli-gadas a suspender las hostilidades belicosas al final de cada día.    

            Los mahometanos  y los jefes serranos tenían  opiniones diferentes sobre   la razón del éxito de los sijs. Algunos pensaban  que el Gurú tenía un supremo poder milagroso y las fuerzas sobrenaturales luchaban a su lado. Otros mantenían que el éxito del Gurú se debía al hecho de que sus hombres tenían la protección de estar detrás de las murallas.  Mientras transcurría esta discusión, los virreyes mahometanos decidieron atacar la fortaleza donde el Gurú estaba resguardado. Al ver el avance de las tropas enemigas, los sijs colocaron sus dos cañones llamados Baghan y Bijai-ghosh, o respectivamente Tigresa y Grito de la Victoria, en posición de disparar. Las miras se fijaron en el enemigo.   Muchas tiendas de campaña explotaron en pedazos y se sembró un gran caos. Viendo este desarrollo, los virreyes mahometanos se retiraron y los ejércitos serranos huyeron. Esa noche el Gurú dio gracias a Dios y sonó el tambor de la victoria.

            Habiendo fallado con el ataque directo, el ejército aliado planeó sitiar la ciudad de Anandpur de tal manera que,  para tanto las mercancías como las personas, todas las entradas y salidas estarían  completamente bloqueadas.  Sitiaron de manera completa  la ciudad y, como resultado, los abastecimientos del Gurú empezaron a disminuir.  El racionamiento de comida se redujo a un nivel extremadamente bajo y los sijs se vieron forzados a  emprender algunas expediciones peligrosas. De noche, salían fuera de las murallas para arrebatarle provisiones a los sitiadores. Después de algún tiempo, los aliados concentraron todas sus tiendas de provisiones en un lugar y las tenían bajo guardia día y noche.

            Cuando los enemigos se enteraron de la  angustiada situación de los sijs, diseñaron una nueva y diferente estrategia  para inducir al Gurú a que dejara Anandpur. El rajá Ajmer Chand  envió un emisario para decirle al Gurú que si abandonaba a Anandpur, los ejércitos aliados se retirarían y el Gurú podría  después regresar cuando a él le  agradara. Gobind Singh no le hizo ningún caso a esta propuesta. La oferta se le repitió varias veces, pero el Gurú no la aceptó. Habiendo todos sufrido privaciones extremas, los  sijs le imploraron al Gurú que abandonara la fortaleza, pero el Gurú les aconsejó que tuviesen  paciencia durante algún tiempo más. Los sijs que se enteraron de la propuesta del enemigo, acudieron a la madre del Gurú para que ella usara su influencia sobre él.  Ella le rogó, pero fue en vano. Gobind Singh le dijo que la propuesta del enemigo era una  trampa, pues habían planeado sacar fuera a  los sijs desde adentro de la protección de la ciudad y atacarlos. Algunos de los masands y sijs que habían sido  influidos por los jefes serranos, insistían en  que la propuesta del enemigo debía ser aceptada y  la ciudad abandonada. Algunos sijs se pusieron impacientes y desanimados. El Gurú les pidió que reafirmaran su lealtad.  Sin embargo, cuarenta de ellos firmaron a una denegación declarando que él no era su Gurú y ellos nos eran sijs suyos. Después de que firmaron la denegación, el Gurú  les permitió  marcharse. En seguida,  Gobind Singh presentó un plan para desenmascarar la trampa del enemigo.

            El Gurú llamó al emisario del  rajá Ajmer Chand y le dijo que abandonaría a Anandpur si los ejércitos aliados  le permitían  primero  sacar fuera  su tesoro y su propiedad personal. Los hindúes juraron sobre su ídolo Salgram48 y los mahometanos sobre su santo Corán que no engañarían o molestarían a los sirvientes que partieran con la susodicha propiedad. El Gurú inmediatamente ordenó sacar de la fortaleza varias ca-rretas cargadas de artículos inútiles. A los cuernos de los bueyes se les ataron antorchas y bajo la obscuridad de la noche, la caravana, con su carga, empezó a salir junto con algunos sijs que la acompañaban. Cuando la caravana de bueyes llegó a las filas enemigas, se les olvidaron los juramentos  a todos los enemigos y cayeron contra  la  pequeña compañía de sijs para robarse el tesoro. Su desilusión fue mayor cuando se dieron cuenta  que el tesoro estaba hecho de artículos para la  basura. De esta manera, el Gurú desenmascaró el comportamiento traicionero del enemigo.  Les dijo luego a los sijs que todo lo que ellos habían sufrido había sido por la Voluntad de Dios, y citó al Gurú Nânak:   “La felicidad es una enfermedad cuyo remedio  es la infelicidad.” 

            Por fin, llegó una carta  firmada por el Emperador para el Gurú:  “Sobre el Corán, yo he jurado no dañaros. Si yo llegase a hacerlo, ¡qué de ahora en adelante  pueda yo jamás encontrar un lugar en la corte de Dios! Cesad la guerra y venid a mí.  Si no deseáis venir acá,  partid entonces adondequiera que a vosotros agrade.”  El emisario del Emperador agregó que su Excelencia había prometido no dañar al Gurú. Los rajás serranos también juraron sobre una vaca sagrada y llamaron a sus ídolos como testigos de que le permitirían al Gurú el pase libre. El Gurú le contestó al enemigo, “Sois vosotros todos unos mentirosos y por eso, todo vuestro imperio y toda vuestra gloria se desvanecerán. Anteriormente, todos vosotros habéis tomado juramentos y en seguida habéis cometido perjurio.”

            De nuevo, los sijs visitaron  a la madre del Gurú para quejarse que Gobind Singh no se adhería a la razón. Por su parte, el Gurú creía que las suplicas no eran razonables ni tampoco  era apropiado aceptar los términos del enemigo bajo los cuales se debería abandonar la fortaleza. Los sijs, que enfrentaban el sufrimiento del hambre, apoyaban la oferta del emisario. El Gurú los confortó, “Hermanos míos, no se entreguen. Yo  deseo únicamente vuestro bienestar. Vosotros no sabéis que  estas gentes son embusteras  y tienen  la intención de  hacernos mal.  Si vosotros aguantáis un poco más de tiempo, tendréis comida hasta para llenar de felicidad al corazón.” Cuando los sijs se negaron a esperar más, el Gurú les pidió que esperaran únicamente unos días más para cuando el  bondadoso Dios les enviaría el auxilio.49   Los sijs, sin embargo, se negaron a esperar ni siquiera un día más. El Gurú repitió su petición diciéndoles que el enemigo se retiraría en seguida  y ellos todos se pondrían felices. También le advirtió a los sijs, “¡Oh, amada Khalsa mía!  Vosotros os estáis apresurando a vuestra destrucción  mientras que yo estoy obrando para salvaros.”  

            Los sijs estaban sufriendo tanto del hambre que se negaron a quedarse ni siquiera un día más. La madre del Gurú también estaba a favor de abandonar la fortaleza. Los ejércitos aliados enviaron a un saiyid50  y a un brahmán, quienes ambos debían de solemnemente jurar, en nombre de los ejércitos aliados, que se le daría conducta segura al Gurú si él abando-naba a Anandpur.  Al presenciar  esto,  los sijs empezaron a dudar de su lealtad al Gurú y, a fin de cuentas,   únicamente cuarenta sijs decidieron quedarse a su lado  y compartir su fortuna. Gobind Singh les dijo a estos cuarenta   que ellos tenían también  el derecho de desertar.  Sin embargo, se negaron y le afirmaron que ellos permanecerían dentro de la fortaleza o saldrían peleando tal como lo pidiera el Gurú.  Supo  así Gobind Singh que la semilla de su religión reflorecería. Poco después, decidió finalmente dejar a Anandpur y les dio órdenes a sus hombres que todos ellos deberían marcharse de noche.  La ciudad de Anandpur fue finalmente abandonada los días 6-7 del mes poh o diciembre,  Sambat51  1762—20-21 diciembre 1705.

            El bhai Daya Singh y Ude Singh caminaban delante del Gurú, Mohkam Singh y Sahib Singh a su derecha, el segundo grupo de sijs bautizados a su izquierda. Sus hijos Ajit Singh y Jujhar Singh lo seguían listos con arco y flechas en mano. En seguida venía  el  bhai Himmat Singh cargando las municiones y los mosquetes tipo matchlock.   Lo acompañaban Gulab Rai, Sham Singh y otros sijs y parientes.  El resto de los seguidores venía en la retaguardia, unos quinientos   entre todos,52   inclusive a los sijs que habían estado fuera de la fortaleza.    

            El momento en que los enemigos tuvieron noticia de la partida del Gurú,  todos se olvidaron de nuevo de sus juramentos e inmediatamente salieron en brava  persecución. Las escaramuzas empezaron de Kiratpur en adelante. Comprendiendo el  inminente peligro, Gobind Singh le dio a Ude Singh la responsabilidad de detener el avance del enemigo. A continua-ción, el bhai Ude Singh peleó una  sangrienta  batalla en Shahi Tibbi.  Empero, el enemigo cercó y mató al valiente guerrero más  arrojado y agalludo del Gurú:   Ude Singh. Cuando la batalla de Shahi Tibbi estaba en gesta,  el Gurú había llegado a la orilla del río de Sarsa. En ese momento llegó la noticia de que un contingente de tropas enemigas se estaba  rápidamente acercando. Al bhai Jiwan Singh,53  un sij del clan rangretta, se le dio un grupo de cien guerreros para que se enfrentara a los perseguidores. Acompañado del  resto de su gente, el Gurú se lanzó a las aguas crecidas del río de Sarsa.  Las corrientes del río iban tan  fuertes que muchos gue-rreros se ahogaron o desaparecieron por varias direcciones, inclusive la madre del Gurú  y los dos hijos menores, Zorawar Singh y Fateh Singh.  Ocurrió además una pesada pérdida de invaluables libros  y valiosa propiedad.  Acompañado de sus  dos  hijos mayores y  algunos aguerridos sijs, el  Gurú llegó a la aldea de Ghanaula, la cual   estaba  al otro lado de río de Sarsa. Comprendiendo que la ruta adelante podría estar asediada de peligro, el Gurú le dio al bhai Bachitar Singh un grupo de cien sijs y le ordenó que se fuera por la ruta directa a Rupar, mientras que el Gurú, junto con algunos aguerridos sijs, optaron por tomar  una ruta más larga. Llegaron a Kotla Nihang, cerca de Rupar, y se quedaron con el pathan54 Nihang Khan, que era un viejo y sincero devoto de los Gurús sijs.  El bhai Bachitar Singh y sus hombres tuvieron que abrirse camino a través de un cordón militar compuesto tanto de  ranghars55  pertenecientes a la aldea de Malikpur encontrada cerca del pueblo de Rupar como de pathans oriundos de Rupar. Durante la feroz lucha que tomó lugar en esa ocasión, la mayoría de los sijs cayó  muerta y Bachitar Singh resultó mortalmente herido.

            El Gurú no permaneció por mucho tiempo en Kotla Nihang. Parece que tuvo que proceder a Machhiwara y a Rai Kot. Acompañado de sus dos hijos mayores y cuarenta sijs, el Gurú se detuvo en Bur Majra después de estar en  Kotla Nihang. Les llegó la  noticia  que un contingente numeroso de las tropas de Sirhind los venía persiguiendo.   Inmediatamente, el Gurú decidió enfrentarse al enemigo desde dentro de la Garhi de Chamkaur —una reforzada fortaleza de barro— y se apresuró para llegar a ella.  Estaba muy bien consciente de la importancia de la Garhi, pues había lidiado, en una ocasión anterior, una batalla en ese lugar.

LA BATALLA DE CHAMKAUR56

     El ejército imperial, que andaba en decidida persecución, sitió la  forta-leza Garhi. Se le sumaron los jefes serranos  y las tribus ranghar y gujar.57  El Gurú nombró a grupos de ocho hombres para que cada uno defendiera  uno de los cuatro muros. Dos sijs defendían  el portón  y  otros dos quedaron nombrados de centinela. El mismo Gurú y sus dos hijos así como Daya Singh y Sant Singh se subieron al piso más alto. Contra unas  fuerzas sobre-numerosas, los sijs defendieron la fortaleza por un largo  tiempo.  Los dos comandantes imperiales, Nahar Khan y Ghairat Khan,  intentaron escalar la pequeña fortaleza, pero cayeron muertos a tiros disparados por el Gurú. Después de eso,  ninguno de los comandantes mahometanos  se atrevió  intentar el ascenso fatal. Cinco sijs salieron a confrontar al enemigo; empero, después de pelear con gran valentía fueron dados la muerte.   Siguieron saliendo en grupos de cinco. El  hijo mayor del Gurú, Ajit Singh, de unos 18 años de edad, pidió permiso para salir afuera y luchar contra el enemigo. El Gurú aprobó la petición y Ajit Singh salió con cinco héroes sijs. Realizó grandes prodigios de valor, pero al final cayó luchando valientemente  lado a lado con sus compañeros. Al ver la suerte de su hermano, Jujhar Singh, de 14 años de edad, no pudo refrenarse y  pidió el permiso de su padre. Como su  hermano mayor, Jujhar Singh entró al campo de batalla, pero un poco después regresó y pidió agua. El Gurú le gritó, “¡Regresad! Ya no queda más agua para vosotros en esta tierra. Ved  hacia el más allá.   En sus manos Ajit Singh tiene la taza de néctar para vosotros.”   Jujhar Singh regresó a la batalla, sembró el caos sobre el enemigo y cayó valientemente  luchando.  Ante este hecho,  la  cara del Gurú se llenó de júbilo.  Su rostro sereno emitió un rayo de luz divina en ocasión del fin glorioso de sus hijos.   Después de que los dos hijos habían logrado su  espléndida misión, el Gurú entonces se preparó  para salir y luchar en el campo de batalla. Los pocos sijs que quedaban cayeron de rodillas ante él y le rogaron que no saliera.  En ese momento, la victoria de ellos residía en salvar al Gurú. Si él sobrevivía, argüían, el Gurú podría crear millones como ellos. Por eso, trataron de persuadir al Gurú que abandonara el lugar,  pero Gobind Singh no los escuchó. A ese punto el bhai Daya Singh, que fue el primero de los Cinco Amados,  se acordó que en el momento de la inauguración de la Khalsa, el Gurú había prometido que el mandato de los Cinco Amados sijs sería inviolable hasta por el mismo Gurú. Con esto en mente,  el bhai Daya Singh reunió a cuatro otros sijs y convocó una asamblea que pasó una  gurmata,58  o  resolución, la cual decía en parte, “Oh  verdadero rey, la Khalsa os da  ahora la orden de salir de este lugar.”  Como había prometido en el momento de haberles administrado la amrit  a los Cinco Amados, el maravilloso señor supremo, el Gurú Gobind Singh, se sometió ante la Khalsa y aceptó el veredicto de dejar la Garhi de Chamkaur.

            Sant Singh y Sangat Singh se ofrecieron para permanecer en la fortaleza mientras que Daya Singh, Dharam Singh y Man Singh tomaron la decisión de  acompañar al Gurú.59  Se dice que Sant Singh se parecía muchísimo al Gurú. Por tal razón, Gobind Singh le dio su  penacho de plumas a Sant Singh, lo vistió con su armadura y lo sentó en el cuarto superior donde el Gurú debía estar estacionado. El Gurú y tres de sus compañeros se escaparon durante la noche. Les dijo que si por alguna casualidad se separaran de él, ellos deberían seguir el camino de una estrella particular la cual él les mostró en el cielo a ellos. Era una noche fría de diciembre y los ejércitos aliados estaban descansando en sus tiendas de campaña. El Gurú decidió despertar al enemigo para que así no pensaran que él había huido. Disparó dos flechas contra los centinelas turcos. Cada flecha dio primero a la  antorcha que sostenía con la mano el centinela y luego le traspasó el  cuerpo. En la oscuridad que siguió la extinción de las antorchas, el Gurú y sus tres compañeros se escaparon. Un poco fuera de la fortaleza, aplaudió con las manos y gritó  en alto que se estaba yendo y cualesquiera  que quisieran  capturarlo, deberían intentarlo.60  

            Cuando estaba por salir de la fortaleza, el Gurú les instó a sus hombres que resistieran con firmeza. Los sijs que se  quedaron atrás infligieron una gran pérdida en el enemigo. Por fin, los mahometanos lograron escalar la fortaleza y  creían que iban a capturar a Gobind Singh.  Subsecuentemente, quedaron altamente defraudados al enterarse que la persona que llevaba puesto el penacho y la armadura no era el Gurú sino Sant Singh, y que el Gurú se había escapado.  Los ejércitos aliados se retiraron, cada uno, a su respectivo campamento.   Wazir Khan envió órdenes a todas las extensiones de su dominio declarando que cualquiera persona que le ofreciera ayuda al Gurú sería severamente castigada y quienquiera que lo capturara o informara del paradero sería ricamente recompensado.

            Después de dejar la Garhi de Chamkaur, el Gurú procedió solo, a pie y descalzo su viaje  y después de pasar por Jandsar y Behlolpur, llegó a la salvaje región espinosa de Machhiwara, una zona entre Rupar y Ludhiana. La sed, el hambre y la fatiga lo acosaban. Sus pies ya estaban llenos de  ampollas. Cuando llegó a un jardín, reposó la cabeza sobre un montón de tierra y durmió allí.                            

            Mientras estaba descansando en el jardín, sus tres compañeros, Daya Singh, Dharam Singh y Man Singh, lo alcanzaron y se reunieron otra vez con él. La situación era muy grave, pues el enemigo  seguía en conti-nua y persistente persecución del Gurú. Gulaba, un viejo masand originario de Machhiwara, les ofreció al Gurú y a los  tres compañeros alojamiento en su casa,  pero luego le dio miedo y temía por su propia seguridad si el Gurú se quedaba con él. En ese momento,  dos comerciantes  pathans de caballos, Nabi Khan y  Ghani Khan, quienes eran  viejos conocidos del Gurú, llegaron y optaron por arriesgar la  vida bajo el servicio del Gurú. Allí  en  Machhiwara vivía una  mujer sij que había hilado y tejido una tela para el Gurú y había jurado guardarla hasta la llegada de Gobind Singh  a la aldea. El Gurú pidió que la tela se tiñera de azul y se hiciera una túnica  para  él en imitación de la ropa  de los peregrinos mahometanos. Se vistió con la túnica azul y, en seguida, salió de la aldea del masand Gulaba. Lo llevaban cargado en una  camilla Nabi Khan y Ghani Khan, por delante, y Dharam Singh y Man Singh, por detrás, mientras que Daya Singh ondeaba un chauri61  por encima de él.  A todas las personas que preguntaban a quién llevaban les  respondían que iban  escoltando a un Uch da pir,62   o sacerdote supremo. Ya que Nabi Khan y Ghani Khan eran unos muy famosos comerciantes de caballos en el área, las personas les creyeron.

            De allí, ellos llegaron a la aldea de Ghangharali y después  a Lal.  En la aldea Lal,  que está a unas cinco millas de Doraha en el distrito de Ludhiana, a un oficial militar le dieron algunas dudas e hizo preguntas indagadoras. Le pidieron al pir mahometano de Nurpur, quien era un conocido del Gurú, que identificara al ocupante de la camilla. Él confirmó que realmente se trataba de un Uch da pir, sobre lo cual el oficial militar le permitió al Gurú continuar su camino.  De la aldea Lal,  el Gurú visitó a Katana y luego a Kanoch, donde el masand Fateh se distanció de Gobind Singh va-liéndose de varias excusas y, además,  no le permitió quedarse en su casa. De allí,  el Gurú llegó a Alam Gir. Aquí,  Nand Lal, un zamindar o hacendado  le regaló un caballo al Gurú,63   permitiéndole así cambiar la forma de viajar, de camilla a caballo. La situación se mejoró bastante y poco después de darles una hukamnama,64  o carta de agradecimiento,  donde los recomendaba para que recibieran el reconocimiento de parte de los creyentes,  el Gurú les pidió a Nabi Khan y a  Ghani Khan  que se regresaran a su casa.  Al pir mahometano de Nurpur se le honró  también con una carta de agradecimiento similar. De Alam Gir,  el Gurú viajó  a  caballo en dirección a Rai Kot. En Silaoni, el jefe de Rai Kot, Rai Kalla,  quien era un devoto del Gurú y un pariente íntimo de Nihang Khan de Kotla Nihang, le extendió la hospitalidad y lo llevó a  Rai Kot. A este lugar Nura Mahi le trajo noticias de Sirhind sobre los hijos menores del Gurú.

LOS NIÑOS INOCENTES MARTIRIZADOS

            Durante la catástrofe que ocurrió al cruzar el desbordado Río  Sarsa, los acompañantes del Gurú y su familia quedaron separados y si-guiendo diferentes direcciones. Mata Jit Kaur y Mata Sahib Kaur,  y  sus respectivos sirvientes, el bhai Mani Singh y Dhana Singh, y Jawahar Singh formaban  un grupo. Jawahar Singh, que era un habitante de Delhi, dio alojamiento a este grupo en su casa de Delhi. La  vieja madre del Gurú y dos hijos menores del Gurú viajaron con Gangu Brahman a su aldea de Saheri  cerca de Morinda. Gangu trabajó  durante veintiún años en la Langar65  del Gurú. La madre del Gurú, Mata Gujri, llevaba dinero en una bolsa. Al ver el dinero de Mata,  a Gangu le dio  tentación  y se olvidó que había comido de la sal del Gurú durante veintiún años. Cuando Mata Gujri estaba medio-dormida, Gangu se robó el dinero y gritó, “Ladrón, ladrón”, para crear la impresión que un bandido se había robado el dinero. Mataji66  cuestionó a Gangu y le dijo que ella no había visto a nadie más entrar en la casa. Al escuchar esto,  Gangu se defendió diciendo que se le estaba culpando porque él le había dado techo a desamparados y proscritos. En vez de admitir su culpa, les ordenó a todos que salieran de su casa. Gangu  los entregó  finalmente a la policía de Morinda, la cual a su vez los llevó a  Wazir Khan, el virrey de Sirhind.  A la madre del Gurú y a dos hijos menores del mismo los encarcelaron en una torre.  

            A la siguiente mañana, a los dos niños Zorawar Singh y Fateh Singh se les presentó en la corte del virrey. Wazir Khan dedujo que si los niños se convertían en mahometanos,   sería una gloria para su fe: el Islam. Por consiguiente, les dijo que si ellos aceptaban el Islam, les concedería una propiedad y los casaría con las princesas; serían así felices y  honrados por el Emperador. De nueve años de edad, Zorawar Singh  contestó, “Nuestro abuelo, el Gurú Tegh Bahadur, perdió su cabeza pero no su religión y él nos pidió que nosotros siguiéramos su ejemplo. Es mejor que nosotros demos nuestra vida para salvar la religión sij y traer la venganza de Dios sobre los turcos.” Continuó Zorawar Singh, “Oh virrey, desprecio yo vuestra religión y no partiré de la mía propia. Se ha vuelto una costumbre de nuestra familia sacrificar la vida en lugar de la fe. ¿Por qué  buscáis  tentarnos con ambiciones mundanas?  Nosotros no nos dejaremos llevar por el camino equivocado de  las  falsas ventajas de vuestra oferta.”

            Wazir Khan no pudo soportar semejante franqueza verbal y se puso muy enfadado.   Decidió entonces que él debía sentenciar a esos niños a muerte. Sucha Nand, un ministro hindú, apoyó a Wazir Khan arguyendo que las palabras arrogantes del  niño no eran merecidas. Además, encendió la furia de Wazir Khan  diciendo que cuando esos niños crecieran, seguirían los pasos del padre y destruirían a los respectivos enemigos. Por lo tanto, tal descendencia de cobra debería ser sofocada a tiempo.  A ese instante declaró el nawa67 Sher Mohammad Khan de Maler Kotla, “Oh, virrey.  Estos niños todavía beben leche en la guardería y son demasiado jóvenes para cometer  una ofensa.  No saben distinguir el bien del mal. El santo Corán no permite la matanza de  los   inocentes y débiles. Por tales razones, os ruego que los dejéis en libertad.”  A pesar de la petición, el qazi68 afirmó que,  a los infieles, la santa ley les daba la opción entre el Islam y la muerte. 

            Para poder traerlos bajo el poder del Islam, se dice que  al siguien-te día se les forzó a los niños entrar por una muy pequeña puerta mientras que el Corán se exhibía al otro lado de la entrada. La idea era que cuando los niños entraran por la puerta con su cabeza inclinada, se les diría inmediatamente después que se habían postrado ante el santo Corán y, así, el Islam.   Cuando los niños tuvieron conciencia de la trampa, el sahibzada69  Fateh Singh, de siete años,   metió primero  los pies, en lugar de la cabeza, al entrar  por  la  pequeña puerta. El meter primero los pies con dirección fija al Corán significaba un insulto contra el Islam. Como resultado, Wazir Khan no pudo conquistar a  los hijos de nueve y siete años del Gurú Gobind Singh.

            Cuando todos los esfuerzos fallaron para convertir a los niños al Islam, se decidió finalmente que debían ser enladrillados en  vivo en la pared.  A continuación, una pared  fue construida paso a paso sobre las tiernas extremidades de los niños hasta que le llegó a los hombros del sahibzada Fateh Singh. Con la espada en la mano, el verdugo dio un paso adelante y preguntó a quién le debía cortar la  cabeza primero.  Ante tal pregunta,  el sahibzada Fateh Singh dijo, “Escucha, oh verdugo. Ya que la pared ha llegado primero  a mis hombros, córtame la cabeza primero.”  Por su parte, el  sahibzada Zorawar Singh exhortó, “No. No puedes cortarle a él la cabeza hasta después de que me cortes la mía, pues yo soy el mayor y por tanto, tengo el derecho de ser el primero. Córtame la cabeza primero.”  Al oír tan semejante raro debate, toda la asamblea de la corte de Wazir Khan quedó aturdida. Los pequeños infantes estaban poniendo en ridículo al ángel de la muerte. El cronista declara que la cabeza del  sahibzada Fateh Singh cayó  primero. Por eso, para conmemorar la memoria de los inocentes niños sacrificados a ese lugar se le llama ahora Fatehgarh Sahib. Cuando esta noticia  le llegó  a Mata Gujri, la madre del Gurú,  a la torre donde estaba esperando a los niños, respiró  en ese lugar por última vez en la vida. Este  traicionero evento tuvo lugar el  13 del mes poh o diciembre,  Sambat 1762—el 27 de diciembre de 1705. Un rico sij llamado Todar Mal cremó70 el cuerpo de la madre del Gurú y los de sus dos nietos. Una gurdwara se construyó para simbolizar la memoria de este último hecho.    

            Cuando Nura Mahi narró las sufridas historias de arriba, Rai Kalla y otros oyentes se agobiaron del  pesar y se pusieron amargadamente a  llorar. El Gurú no se vio conmovido y permaneció tan calmado como siempre.  Cuando Mahi terminó  los angustiados relatos, el Gurú le dio las gracias a  Dios por el glorioso y triunfante fin de sus dos hijos menores. Luego, se dirigió  al Omnipotente, “Oh  Dios, Vosotros me disteis padre, madre  y cuatro hijos.  A todos confiasteis a mi cuidado personal.  Hoy yo he tenido el éxito y la felicidad de  restaurar en Vosotros todo ese cuidado y toda esa confianza.” Mientras que  escuchaba  las dos historias narradas por Mahi, el Gurú  estaba desenterrando un arbusto junto con la raíz. Luego pronunció,  “Como desentierro yo este arbusto desde hasta las raíces, serán  así  extirpados los turcos.”71    El Gurú  comentó también, “No.  Mis hijos no están muertos. Ellos han retornado a su Casa Eterna. Es la ciudad-estado de Sirhind que debe morir.”72 

            El Gurú reasumió su marcha hacia Hehar donde pasó dos días en la casa del mahant73  Kirpal Das, un héroe de la batalla por Bhangani. La siguiente parada tuvo lugar en Lamma Jatpura. Rai Kalla, quien lo acompañaba, se separó aquí del Gurú. Comprendiendo que el territorio alrededor de Rai Kot no era ningún lugar conveniente para enfrentar cualquier ataque de un enemigo, el Gurú dirigió a sus sijs hacia la Selva Desh, la tierra del clan los brar.  En el camino, pasó por las aldeas de Manuke, Mehdiana Chakkar, Takhatpur y Madhen, y al fin llegó a Dina en el distrito de Ferozepur.

            En Dina, un dedicado sij llamado Rama le regaló al Gurú un excelente caballo que él aceptó para sí mismo y le dio su antiguo caballo al bhai Daya Singh. Su llegada llamó en seguida  la atención de las  personas del área y se empezaron a reunir alrededor de él. Algunas de las personas influyentes que conocieron al Gurú en Dina fueron Shamira, Lakhmira y Takhat Mal, nietos de Jodha Rai; este último  había dado ayuda material al  Gurú Har Gobind en la batalla de Gurúsar. Param Singh y Dharam Singh, nietos del bhai Rup Chand, también lo vinieron a visitar. El virrey de Sirhind se enteró de que Shamira y sus hermanos hospedaban al Gurú. Le escribió a Shamira sobre el  asunto y le ordenó que arrestara y entregara al Gurú. Shamira le contestó que él  únicamente estaba alojando a su sacerdote, quien estaba únicamente visitando a sus sijs y no dañaba a nadie. Shamira, sin embargo, temió que el virrey enviaría a sus tropas y arrestaría al Gurú; por tal razón, envió a un espía para obtener información de los movimientos  y procedimientos del virrey.

            El Gurú permaneció en Dina durante algunos días. Aquí escribió la celebrada  “Zafarnama”,74   o epístola pérsica,  al Emperador Aurangzeb.  De hecho, se trata de una exquisita respuesta a las cartas de invitación las cuales el Gurú  había recibido del Emperador. La carta expresa  la  subli-midad característica del Gurú, y cada renglón  está impregnado de verda-des estimulantes y virtuosa indignación. Le escribió al Emperador diciéndole que el Gurú no les tenía ninguna fe ni a las solemnes promesas en nombre del dios musulmán ni a los juramentos en nombre del Corán. El hecho permanecía siendo que el Emperador  violaba en toda ocasión sus propias sagradas promesas y demostraba ser un hombre  falso, malo y traicionero. El Gurú escribió, “A pesar de que a mis cuatro hijos se les dio la muerte,  yo continuo viviendo en el mundo como una serpiente enroscada y lista para el ataque. ¿Qué valentía es apagar dos chispas de vida?  Vosotros estáis meramente azuzando el más incontenible fuego…  Como os habéis olvidado de vuestra palabra ese día, Dios se olvidará igualmente de vosotros. Dios os concederá la fruta del mal acto que diseñasteis... Tenéis orgullo de vuestro imperio mientras que yo tengo orgullo del reino del Dios Inmortal... Cuando Dios es nuestro amigo, ¿qué puede hacer un enemigo aunque se multiplica éste mismo cien veces?  Si un enemigo practica la enemistad mil veces, no puede él, mientras que Dios sea nues-tro amigo, dañar ni un pelo de la cabeza de uno.”

            La carta se envió con el bhai Daya Singh y Dharam Singh al Emperador y ellos se la entregaron a él en Daccan. Esta carta despertó la dormida conciencia del Emperador y produjo en él un sentido de verdadero arrepentimiento. Tuvo tal efecto milagroso en Aurangzeb que él empezó a afligirse de una profunda tristeza y, pronto, se le confinó a la cama. Justo cuando la muerte estaba a su cabecera,  el Emperador Aurangzeb dictó una carta a su hijo en donde reconoció como una  derrota la vida que había llevado:

   Cualquier bien o mal que yo haya hecho, lo llevo cargando sobre la cabeza hasta el Desconocido Más Allá... Estoy totalmente en la oscuridad respecto al destino que me espera. Mas lo que sí sé es que yo he cometido  pecados mayores. Y no puedo decir cuál cruel castigo me espera a mí...

            Mientras estaba viviendo en Dina, el Gurú visitó algunos lugares circunvecinos.  Con el tiempo se dio cuenta de que su paradero le fue dicho al virrey de Sirhind y, por consiguiente, le dieron ansias de encontrar un lugar conveniente donde el Gúru podía mejor enfrentar el ataque del enemigo.  Como resultado, se salió de Dina y visitó muchos lugares tales como Bander, Bargarh, Baihbal, Saravan,  etcétera.  En Saravan el Gurú le permitió a su gente practicar un poco el  tiro de arco. En seguida,  procedió a Jaito, Kotla Maluk Das, Lambhawali y llegó por fin a Kot Kapura. Comprendiendo que el enemigo persecutor estaba demasiado cerca, el Gurú le pidió al chaudhri75 Kapura, un jat76  del clan los brar, que le prestara el uso de su fuerte durante unos días. Temiendo la ira de los mongoles, éste se negó a ayudarlo. De allí,  el Gurú llegó a Dhilwan Sodhian donde uno de sus parientes lo recibió con gran cariño y cordialidad. Según cuenta la tradición,  uno de los descendientes de Prithia Chand, Kaul,  visitó aquí  al Gurú y le regaló  ropa. El Gurú se quitó la túnica azul que había estado vistiendo  desde que partió de  Machhiwara y rompiéndola pedazo a pedazo, la quemó en el fuego. Se dice que las palabras históricas  que él profirió en esa  ocasión,  son memorables:

                        He despedazado la ropa azul que yo llevaba

                        y con eso, el dominio de los turcos y pathans

                        está por llegar a su fin. 

 

           

            Sintiéndose arrepentido de su acto deshonroso, el chaudhry77  Kapura vino a Dhilwan Sodhian a ver al Gurú y le pidió perdón, lo cual le concedió el Gurú. Luego Kapura le proporcionó un buen guía, el chaudhry Khana, bajo cuya ayuda el Gurú se marchó hacia el oeste en dirección a Dhab Khidrana. En el camino, pasó por  Ramina, Mallan, Gauri Sanghar y Kaoni.

            Mientras tanto, un número substancial de seguidores se había reagrupado alrededor del Gurú. Los cuarenta sijs que lo habían abandonado en Anandpur y habían firmado una denegación dirigida a él, fueron ridiculizados por las esposas que no les permitieron a ellos entrar a su propia casa. Para recuperar algo de su dignidad,  regresaron de su propia voluntad a reforzar el  pequeño ejército del Gurú. Una  valiente señora, Mai Bhago, los guió, junto con un contingente numeroso compuesto de sijs  de Majha,78   a la presencia del Gurú para que ellos le pudieran ayudar en la lucha.   El Gurú había tomado posición en una loma arenosa situada en Dhab Khidrana, el distrito de Ferozepur.

            Las fuerzas mongoles avanzaron  en dirección hacia el campamento del Gurú, pero antes de que ellos pudieran atacarlo,  tuvieron que enfrentarse a un contingente bajo el mando de Mai Bhago y Jathedar Mahan Singh. Un feroz combate se desató. Todos los sijs resultaron vencidos,  pero antes de ello, mostraron su temple como los guerreros  más bizarros  que  el experimentado comandante mongol había conocido en su vida. Desde una posición de altitud elevada situada a unas dos millas del lugar de la batalla,  el Gurú disparó flechas con un efecto mortal contra los mahometanos quienes no podían ver de qué lado estaba lloviendo la destrucción sobre ellos. Como el estanque de  Khidrana estaba seco, el ejército mahometano se encontraba en un  estado de gran desesperación por la falta de agua potable; por eso, Wazir Khan decidió retirarse sin dar el golpe definitivo contra el cuerpo principal de la Khalsa el cual acompañaba al Gurú Gobind Singh. El Gurú resultó victorioso. 

            Después de la retirada del ejército mahometano, el Gurú decidió por sí mismo ver el campo de batalla.  Pasó el tiempo limpiando las caras de ambos los muertos y heridos así como  alabando el valor sin medida. Se dio cuenta que los cuarenta sijs, quienes en Anandpur le habían entregado, junto con su líder Mahan Singh,  una denegación, todos, menos Mahan Singh,  habían muerto luchando valerosamente. Mahan Singh todavía se encontraba vivo, pero estaba dando su último respiro; el Gurú le pidió que abriera los ojos y le dijo, “Mahan Singh, pedid cualquier favor que vosotros deseéis desde un imperio hasta la salvación.”  Inmediatamente después de abrir los ojos, Mahan Singh quedó encantado de ver al Gurú y contestó, “¡Oh, verdadero rey! Nosotros somos pecadores porque  en Anandpur os denegamos  en un momento de necesidad. Las puertas del Cielo están cerradas para aquellos de nosotros que han partido antes de mí. Oh Señor, concedednos vuestra Gracia y perdonad la pasada denegación.” Se dejó escrito que el  amable Maestro sacó el susodicho documento, que él había cargado en su chaleco durante todo este tiempo, y lo rompió como una muestra de perdón y reconciliación. Mahan Singh presenció esto con sus propios ojos y  como un alma feliz, perdonada y liberada, respiró en seguida la última vez.   Las almas de los susodichos cuarenta sijs fueron también liberadas. A esos cuarenta  seguidores se les llama los Cuarenta Mukte79  —los Salvados o Liberados— y se les recuerda en nuestras  diarias oraciones como los Cuarenta Muktas.  Desde ese tiempo, a Dhab Khidrana se le ha llamado Mukatsar, o el Estanque de la Salvación. El Gurú luego encontró a Mai Bhago, quien había inspirado a los cuarenta sijs. Un poco de ayuda la revivió y fue bendecida por el Maestro. 

            De Mukatsar,  el Gurú viajó a Rupana, Bhander, Gurúsar, Thehri Bambiha, Rohila, Jangiana y Bhai ka Kot.  Procedió luego a Sahib Chand y a Chatiana donde el clan de los brar, que habían luchado bajo su mando, le exigió los atrasos de su paga bajo la amenaza de bloquearle la marcha adelante. Por la gracia de Dios, ocurrió que, durante los mismos momentos, un sij de la vecindad le trajo al Gurú el necesitado dinero y esto  le permitió pagar todos los atrasos. Empero, el líder de los brars, el chaudhri Dana, se sentía sumamente avergonzado de la arrogante conducta de su gente y se negó a aceptar cualquier pago para él mismo. Bajo el pedido del chaudhri Dana, el Gurú  visitó entonces la  tierra nativa  de éste: Mehma Swai.  Llegando a esas tierras,  acampó en un lugar que ahora se llama Lakhisar. De allí, visitó otras tierras circunvecinas. Bajo el pedido del chaudhry Dalla, el Gurú entonces decidió trasladarse a Talwandi Sabo. En el camino, pasó por  Chatiana, Kot Sahib Chand, Kot Bhai, Giddarbaha, Rohila, Jangirana, Bambiha, Bajak, Kaljhirani, Jassi Bagwali, Pakka Kalan y Chak Hira Singh, y por fin llegó a Talwandi Sabo—ahora llamado Damdama Sahib o Takhat Damdama Sahib. Este lugar le gustó  tanto al Gurú  que tomó residencia permanente allí y vivió en ese lugar durante nueve meses y nueve días.    

EL GURÚ  EN DAMDAMA SAHIB

            Para este tiempo, todas las restricciones contra el Gurú decretadas por  parte del gobierno mongol  habían sido retiradas. Poco después de recibir la “Zafarnama”,  Aurangzeb les había ordenado a los gobernadores  que cesaran toda actividad hostigante contra el Gurú.

            Fue aquí donde la esposa del Gurú vino a estar a su lado.  Cuando ella llegó, él estaba sentado frente a una numerosa asamblea de sus discípulos. Dirigiéndose al Maestro, preguntó ella:  

                                   

            ¿Dónde están mis cuatro hijos?

El Maestro contestó:

           

            ¿Qué importa si vuestros cuatro han partido?

            Ellos todavía viven, y para siempre vivirán: la Khalsa;

            Tenemos millones de nuestros valientes hijos amados.

 

           

            El Gurú puso al mejor uso posible los meses y días llenos de paz en Damdama Sahib. Formuló las bases permanentes del sijismo  por medio de escribir el Tratado de Malwa. De tierras lejanas y cercanas, multitudes vinieron  y se constituyó el  espectáculo de un Nuevo Anandpur.  Numerosas veces, el Gurú visitó las áreas circunvecinas. Se les bautizó a muchos antiguos y hereditarios sijs y se les integró de mayor manera a la Khalsa. Dalla, el líder de Talwandi Sabo; Tiloka, el fundador del estado de Nabha en la India;  y Rama, el fundador del estado de Patiala en la India,  figuran como  sobresalientes ejem-plos. Además, se reclutaron  en números mayores a nuevos discípulos.

            El Maestro pidió que le llevaran el Adi granth desde Kartarpur, cerca de Beas, para poder incorporar en él  los himnos del Gurú Tegh Bahadur. La copia original estaba con la familia los Dhirmalias y ellos se negaron a partir con él; más bien, afirmaron que si el Gurú Gobind Singh era el  verdadero Gurú, debería Gobind Singh escribir  un Adi granth  por y para sí mismo. Por eso, fue en Damdama sahib  donde el Gurú Gobind Singh dictó al bhai Mani Singh todo el Granth sahib como hoy en día lee.  El sagrado volumen (1430 páginas) concluye con la composición musical “El raga malo”.  Aún así, parece que  “El raga malo” no forma una parte esencial del Gurú granth sahib. Macauliffe escribe:

En 991 A.H. (1583 d. de C.), un poeta mahometano llamado Alim  escribió un trabajo de 353 estrofas —generalmente de cuatro a seis versos cada una intitulado Madhava nal sangit.  Éste pretende ser una historia del amor entre Madhava Nal y una dama llamada Kam Kandala. La composición “El raga malo”, que constituye la conclusión del Gurú granth sahib y contiene una lista de ragas80 y raginis,81 y sus subdivisiones, es una parte del trabajo de Alim que se extiende de 63 a 72 estrofas.  No se entiende cómo fue  incluida en el sagrado volumen. Los ragas mencionados en él no corresponden con los ragas del Gurú granth sahib.

Este  volumen sagrado se titula Damdama sahib di bir.82   Este bir fue instalado en el templo Hari Mandar Sahib, pero no está AHORA disponible.  No se sabe si  ha sido destruido  o si se lo  llevó Ahmed Shah Abdali cuando saqueó el pueblo de Amritsar durante unos de sus  repentinos asaltos. 

            También, la orden sij llamada Nirmala83 fue fundada  aquí con el propósito de que los sijs tuvieran  un grupo  de ellos  exclusivamente consagrado al estudio y la evangelización de  la fe sij. La darbar del  Gurú aquí fue tan espléndida como lo había sido anteriormente en Anandpur. Un realmente número mayor de poetas y estudiosos se congregó alrededor de su corte. Debido a todo esto, Damdama Sahib se convirtió en un famoso centro educativo.

            El Gurú también reorganizó sus tropas militares. Las fuerzas habían aumentado considerablemente. Además de los seguidores regulares, Gobind Singh había sumado también a su servicio a algunos miembros de la tribu los dogras y del clan los brar.84  

EL GURÚ PROCEDE AL SUR PARA ENTREVISTARSE

            CON  AURANGZEB

            En respuesta a la carta del Gurú llamada “Zafarnama”, fue aquí en Damdama Sahib  donde recibió a emisarios  imperiales que habían venido a hacerle saber a él el deseo del Emperador de que tuvieran entre ambos una reunión personal. La Ahkam-I alamgiri, o correspondencia escrita por Aurangzeb, reconoce que el Emperador recibió  una carta del Gurú Gobind Singh y ésta contiene las órdenes que Aurangzeb emitió a Munim Khan de Lahore por medio de los cuales le pide que se  reconcilie con el Gurú y que lleve a cabo también los necesarios preparativos para el viaje del Emperador  hacia el sur. De la Ahkam-i-alamgiri, queda evidente también que Aurangzeb estaba ansioso de conocer al Gurú. Pudo ser que el Emperador quería asegurar la  paz en el Panjab para que así pudiera él concentrarse en sus planes de poner de rodillas a los marahtas85  en el sur. Por consiguiente, fue el 30 de octubre de 1706 —algunos dicen que fue el 20 de octubre— cuando el Gurú decidió proceder al sur y entrevistarse con Aurangzeb.

            Salió rumbo a la dirección de Rajasthan para tomar la  ruta a Ahmednagar donde el Emperador estaba acampado. De Damdama Sahib, y pasando por Kewal, Jhora, llegó a Sarsa. Luego procedió a Nohar, Bhadra, Sahewa, Madhu Singhana y en seguida a Pushkar, un lugar de peregrinación sagrado a Brahma. De allí, se trasladó a la aldea de Narainpur, generalmente conocida como Dadudwara y donde  había vivido el santo Dadu y su secta había florecido. El Gurú hizo una visita al templo y sostuvo una discusión con el mahant86 Jait Ram.  En este lugar el Gurú fue censurado por sus sijs a razón de que bajó su arco y flecha en saludo al cementerio de Dadu. Man Singh citó la propia instrucción escrita del Gurú, “No se rinda culto, ni siquiera por equivocación, a los cementerios  mahometanos  o  hindúes ni  los crematorios.”  El Gurú explicó que únicamente había saludado al templo para confirmar la devoción de los sijs y la memoria de ellos respecto a las enseñanzas sijs.  Sin embargo, confesó que, técnicamente, él se había decretado  a sí mismo una multa y  pagó alegremente ciento y veinticinco rupias. Aquí se encontró con Bhai Daya Singh y Dharam Singh quienes habían vuelto de la misión oficial con el Emperador Aurangzeb. Luego llegó Gobind Singh a Baghaur donde recibió las noticias de la muerte de Aurangzeb y de la guerra de sucesión  que se había desatado entre los hijos del Emperador. No había ahora ninguna razón para proceder adelante y permaneció allí durante algún tiempo.

            Bahadur Shah,   el hijo  mayor de Aurangzeb,  se dio prisa al regresar  de Peshawar para poder luchar contra su hermano menor, Azim, que se había proclamado como el Emperador. El bhai Nand Lal había estado bajo el servicio del príncipe Bahadur Shah antes de que se trasladara permanentemente a la corte del Gurú. Por tanto, valiéndose de las relaciones favorables del bhai Nand Lal,87   Bahadur Shah solicitó  la ayuda del Gurú  y al haber optado por ese camino,  le prometió al Gurú que sería abierto y  justo  a  ambos los hindúes y musulmanes,  reparando todos los daños que su padre había hecho contra ellos. Con esto en mente, el Gurú le envió un destacamento de sus tropas para la batalla de Jaju en la cual  Bahadur Shah resultó victorioso. En grato agradecimiento por la ayuda oportuna del Gurú, Bahadur Shah lo invitó a Agra donde a éste se le  iba a coronar en público.   Una túnica  de honor real se le confirió al Gurú el 24 de sawan o julio de 1707. 

            Durante su estancia en Agra, el Gurú hizo de Dholpur, un lugar a unas 25 ó 30 millas de Agra, un centro de su actividad misionera. Por muchos meses, llevó a cabo sus giras misioneras en las áreas de Mathura, Aligarh y Agra, y también en los estados de Bharatpur y Alwar, antes de proceder a Daccan. Muchas personas se convirtieron en  seguidores del Gurú. Se dice que el Gurú tuvo pláticas con el Emperador Bahadur Shah, sin embargo,  éstas quedaron inconclusas porque el Emperador tuvo que salir hacia Rajasthan a suprimir las revueltas de algunos jefes rajputs.88  Le pidió al Gurú que lo acompañara.  Para entonces, las noticias le habían llegado a Bahadur Shah que su hermano menor, Kam Bakhsh,  se había proclamado en el Daccan el Emperador de la India.

            Bahadur Shah procedió hacia Daccan vía Chittorgarh. De allí, él partió para Burhanpur y el Gurú lo acompañó en ruta a Hyderabad. El Gurú se quedó en este lugar durante muchos días y conoció al yogui Jiwan Das.  Se encontró  también  al mahant89 Jait Ram, de Dadudwara, quien pasaba por Hyderabad. Ambos le contaron al Gurú de un tal bairagi90  Madho Das y su gran poder oculto.  Decidió el Gurú conocer a  Madho Das. Durante ese tiempo, el Gurú no estaba satisfecho con las respuestas evasivas de Bahadur Shah respecto a tomar posiciones claras contra Wazir Khan, el virrey de Sirhind, y otros funcionarios por las atrocidades cometidas en el Panjab.  Bajo un pretexto u otro, el Emperador evitaba darle  una respuesta fija.  Por tanto, el Gurú cesó de acompañar al Emperador en Hingoli y se marchó hacia Nader adonde llegó en  julio de 1708.

            Algunos escritores, como Bute Shah y el señor  Malcolm, dicen que el Gurú fue a la región de  Daccan en el sur de la India porque estaba desesperado de las terribles reversas  y pérdidas que habían sido su suerte y él quería un  cambio. Otros dicen que se sumó al servicio de los mongoles.    Cunningham dice que el Gurú recibió un mando militar en el valle de Godavari.

            Todas estas historias son falsas e irresponsables.  Muestran una total  irreverencia respecto la fe sij. Parece que, en la  mayoría, estos escritores  ignoran  los principios del sijismo. Se les debe recordar a todos estos escritores que la entera filosofía  del Gurú, de todos los Gurús sijs, se basa en:

                        Tere kia meetha lagai,

                        Har Nam padarath Nânak Mangai.

                                    —“Asa mohalla 5”,  394

                        Dulce sea Vuestra Voluntad, mi  Señor.

                        Nânak os ruega el regalo de Nam.

 

                                                —Traducción de lo anterior

A la edad de nueve años, el Gurú Gobind Singh sacrificó a su padre para salvar el hinduismo.  Se enfrentó cara a cara con el  formidable  Imperio Mongol en su apogeo. Cuando su esposa le preguntó adónde se habían ido sus cuatro  hijos, él contestó:

            ¿Qué importa si vuestros cuatro han partido?

             Ellos todavía viven, y para siempre vivirán: la Khalsa;

            Tenemos millones de nuestros valientes hijos amados.

En la “Zafarnama”,  el Gurú amenaza abiertamente al Emperador cuando le escribe:

            ¡Qué  importa si mis  cuatro hijos han sido dados muerte, pues                          mientras viva la Khalsa, todos ellos son mis hijos!  ¿Qué bravía es                     sofocar dos pequeñas  ch i s p a s  d e  v i d a?  Meramente, vosotros               excitáis  más  una incontenible  llamarada.

No hay ningún rastro de pesar o desesperación en estas líneas.   En la presencia de tal intachable evidencia, es absurdo, por consiguiente,  poner fe en  la teoría de un Gurú desesperado y triste. La teoría de un Gobind Singh bajo servicio militar con los mongoles se puede también hacer a un lado acudiendo  a la  luz de la filosofía y los ideales del Gurú.   ¿Por cuál razón  tenía él que dar servicio al gobierno de los mongoles?  Sus seguidores  le llamaba el Verdadero Rey  y en verdad Gobind Singh era un verdadero rey sentado en el trono del Gurú Nânak. Como un verdadero rey, él tenía inmensa riqueza y un verdadero pueblo de discípulos. Aun cuando por un momento nosotros les hacemos caso a estos  escritores, la memoria de los daños que habían sido infligidos sobre el Gurú y sus seguidores estaba demasiado fresca en él para reconciliar el unirse al ejército de opresión. Ni tampoco puede esta teoría de un Gobind Singh bajo servicio militar creerse en luz del nombramiento de Banda Bahadur por el Gurú al mando de la Khalsa del Panjab. El  entero argumento no tiene base y más bien parece ser una infame acusación por parte de estos escritores el decir que el Gurú se unió al servicio de los mongoles.

EL  GURÚ EN NADER 

            En Nader, el Gurú seleccionó un sitio encantador a la orilla  del río Godavri. Generalmente, se dan dos razones por la selección de ese lugar. Primero, quería ver a Banda Bairagi y segundo, había ocho ashrams91 de diferentes sectas religiosas. El Gurú quería abrir un diálogo con los líderes de los varios campos religiosos para enseñarles el verdadero camino y ganarlos a su visión espiritual sij. Fue quizás debido a este objetivo que inmediatamente empezó a predicar en varias congregaciones. En busca de la luz espiritual, multitudes de personas se reunieron alrededor de  Gobind Singh. De hecho, pronto se reprodujo una copia del ambiente de Anandpur en el Daccan.   

            A ese lugar llegaron las noticias de que el ejército del Emperador había saqueado Sadhaura y había tratado  como un rebelde  al pir92  Budhu Shah.  Les disgustaba que el pir tenía  fe en el Gurú Gobind Singh, a quien ellos consideraban un kafir o infiel.

            Un día el Gurú visitó el lugar del bairagi93 Madho Das. No lo  encontró. Gobind Singh había oído que Madho Das poseía poderes sobrenaturales por medio de los cuales podía dañar a  cualquiera persona que se sentaba en su asiento; aún así, el Gurú se sentó  en él  con holgura. Los seguidores del Gurú mataron un cabrito  y lo  cocinaron en el patio  prohibido que le pertenecía al bairagi. En seguida, un discípulo fue a informarle al bairagi de las acciones del Gurú.  Era un sacrilegio matar un animal en la vivienda del bairagi y otro sacrilegio tomar posesión del asiento que  le  servía como  trono a Madho Das. El bairagi estaba enfurecido y dirigió  violentos ataques verbales contra el Gurú.  Aquél se valió de todos sus poderes para herir a éste, pero todo resultó en vano. Cuando el bairagi se encontró desgastado, le preguntó al Gurú quién era él. El Gurú le contestó que él era Gobind Singh. El bairagi  se calmó y  de repente, su enojo se transformó en adoración. La Luz Divina de los ojos del Gurú alumbró toda oscuridad en la mente del bairagi quien inmediatamente se arrodilló ante el Maestro y en  sumisión total, aceptó que él era un banda94 del Gurú—un esclavo.

            El Maestro lo instruyó luego en los principios de la religión  sij  y lo bautizó.  Se le renombró Gurbakhsh Singh,  pero continuó siendo conocido como  Banda Singh, o simplemente Banda.    De la boca de los sijs, él había escuchado noticias sobre las atrocidades en el Panjab por parte de los gobernantes musulmanes, incluso la masacre de los inocentes niños del Gurú; por tanto, se dio dispuesto a  cualquier servicio que él pudiera realizar para el Maestro. Con esto entendido, el Gurú le pidió que procediera al Panjab y combatiera la represión de los gobernantes dirigida contra la Khalsa.  Hecha la petición,  le regaló  un arco y cinco flechas y le dijo, “Mientras que vosotros permanezcáis  casto, vuestra gloria aumentará. Quien está en paz con sí mismo, no se aleja del combate; sus antagonistas no pueden darle resistencia. Una vez que hayáis abandonado los principios de la Khalsa y os hayáis unido ilegalmente con la mujer, vuestro valor desaparecerá.”  El Gurú despachó a algunos sijs para que lo ayudaran en la empresa. Banda tomó el juramento, le saludó con reverencia y partió. Éste es un excelente ejemplo del poder del Gurú Gobind Singh donde se ve cómo se le  impulsa al  gorrión para que cace al halcón y se inspira a un sij a luchar contra ciento veinte mil enemigos. Banda Bahadur, que había sido un ermitaño comprometido al credo de la no-violencia, quedó transformado, a base del poder del  Gurú, en el general  militar más renombrado de aquella época.

            (Banda Bahadur alzó la bandera del Gurú en una aldea  a unas treinta y cinco millas de Delhi. Los sijs de todo el Panjab  se aliaron  bajo su estandarte y llevaron a cabo tales poderosos y devastadores  ataques que, dentro de unos meses, arrasaron Samana, Shahbad, Sadhaura y Chhat Banur a la nada. Luego vino Sirhind. Banda Bahadur realizó un ataque tan fuerte y aplastante con su ejército que el enemigo no pudo poner ninguna resistencia. Ambos Wazir Khan y su ministro Suchnand fueron pasados por la espada. El Emperador Bahadur Shah no logró aplastar a Banda Bahadur y murió engañado de lograr una victoria sobre los sijs.)

            Después de la partida de Banda, el Gurú vivió en varios lugares: en  la  comunidad llamada Shikar Ghat, adonde él iba a cazar;  en Nagina Ghat, donde un sij le regaló un valioso anillo de sello, que el Gurú mismo lanzó al río; en Hira Ghat, donde él se deshizo de un similar valioso anillo de diamantes;  y también en un sitio ahora llamado Sangat Sahib, donde él daba instrucción religiosa a sus seguidores. 

            Las relaciones estrechas entre el Gurú y el Emperador Bahadur Shah habían alarmado a Wazir Khan, el virrey de Sirhind.  Éste último había ordenado que enladrillaran en vivo en una pared  y decapitaran a  los hijos infantes del Gurú.   Era Wazir Khan el responsable de infligir la ma-yoría de las  atrocidades contra los  sijs en el  Panjab. El virrey temía que su vida estaría bajo peligro si el nuevo Emperador y el Gurú llegaban a un arreglo. Por lo tanto, conspiró un ardid para matar al Gurú: Wazir Khan envió a dos pathans,95 Gul Khan alias Jamshed Khan y Ataullah, a asesinarlo.

            Varios tipos de personas empezaron a asistir a las congregaciones del Gurú en Nader. Pronto, los dos pathans  empezaron también a venir a la asamblea  la cual dirigía el Gurú.  Al tercer o cuarto día,  Jamshed Khan vio una oportunidad: al retirarse el Gurú Gobind Singh a su aposento personal después de la oración de la tarde, Jamshed entró a la vivienda y lo hirió con una daga.  Por su parte,  el Gurú pudo aniquilar inmediatamente al atacante, a pesar de haber sufrido la seria herida.  Al compañero que huía lo apuñaló a muerte un sij quien había oído el ruido y se había apresurado para llegar al aposento del Gurú.

            Varios puntos de vista e historias han sido expresados con respecto a las circunstancias de la muerte del Gurú. Cunningham escribe que un comerciante  pathan, quien le había vendido caballos al Gurú, vino un día y pidió  inmediatamente el pago. El Gurú, que andaba corto de fondos, le pidió que por favor viniera algún otro día. El pathan hizo un gesto de enfado y sus subsecuentes injurias violentas provocaron al Gurú que lo golpeara y le diera la muerte.  El cuerpo del pathan fue  removido y enterrado, y la familia de éste parecía estar resignada al hecho. Sin embargo, los hijos alimentaron la venganza y esperaron una oportunidad para cumplirla. Tuvieron éxito en entrar sin ser detectados al lecho del Gurú y cuando estaba dormido e indefenso, lo apuñalaron mortalmente    (Cunningham, History of  the sikhs   82).

            Otros escritores, como McGregor (History of  the sikhs, vol. I,  99-100),  sostienen que el Gurú,  inmediatamente después de matar al comerciante, comprendió su error y, como compensación por el destino de la víctima, el Gurú le mostró un favor especial a la viuda y crió al hijo de ella como un padre lo haría. Cuando el niño creció a ser un hombre cabal, se dice que el mismo Gurú lo incitó para que lo castigara.   El joven  lo hizo con resultados mortales para el Gurú. El escritor Trumpp también  cree verídica esta versión y para darle razón, afirma que el Gurú se había hastiado de su vida y quería ponerle fin.

            Las historias de arriba no tienen ninguna base. Estos escritores no pudieron  entender  quién era el Gurú. El Gurú Gobind Singh ocupaba el trono divino del Gurú Nânak; por consiguiente, él era la encarnación de la Luz Divina y  lo Divino nunca se siente hastiado o rechazado. El Gurú nunca profirió ninguna palabra de dolor ni mostró ninguna señal de desesperación durante los sufrimientos sin paralelo  los cuales él experimentó. No quedó documentado en  ningún lugar de sus sermones o escrituras que él haya expresado algún suspiro de dolor. Cuando Nura Mahi le trajo la noticia de la brutal matanza de sus dos hijos menores, el Gurú le dio las gracias a  Dios, “Padre, madre y cuatro hijos, todos fueron vuestro encargo para mí. Hoy yo he logrado el éxito y la felicidad enviando todo ese entero cuidado a vosotros.”  Uno no puede encontrar semejante ejemplo en los anales de la historia humana.

            En recientes años, una hukamnama96  ha traído nueva luz al caso.   Según ésta  ninguna demanda por el pago inmediato se presentó ante el  Gurú. El pathan se negó, en verdad, a hacer cualquier demanda cuando se lo recordó el  Gurú.  Una  hukamnana, carta de apreciación emitida por el Gurú, tiene la definitiva prueba:  se le envío  al pathan a razón de su buena y amistosa conducta  y la conservan todavía  los descendientes de ese   pathan (Kartar Singh, Vida del  Gurú Gobind Singh  263).

            Un examen de las circunstancias históricas lleva a los posibles hechos  del  Emperador.   Bahadur Shah se enfureció con el Gurú porque éste delegó a Banda al Panjab para que reiniciara la lucha y diera muerte a Wazir Khan.  Parece también que, durante la época  del conflicto contra  su hermano en Hyderabad,  el Emperador tenía miedo de que el Gurú se aliara unirse a marahattas97 en la lucha  contra los mongoles. Fue quizás por esta razón que el Emperador no dejó en paz  al Gurú. Bahadur Shah tenía la creencia equivocada que la muerte del Gurú sería un golpe fatal a los planes de reiniciar la revolución en el Panjab; por consiguiente, entró en una conspiración  con los dos pathans delegados por Wazir Khan para poner fin a la vida del Gurú. Los  siguientes  hechos históricos apoyan  este punto de vista:

               

                   El 28 de octubre de 1708, el Emperador pidió que se le                             enviara             un traje de duelo al hijo de Jamshed Khan Afghan.  Este                                     último había sido muerto por el Gurú Gobind Singh. En los                                archivos de las cortes de Bahadur Shah, el noticiero imperial lee:                  Keh Guru Gobind Singh Rai Jamshed Khan Afghan ra bajan                             Kushtah bud khilate-e-Matami bapisar-i-Khan Mazkur Mrahmat                      shud  (Akhbarat-i-Darbar-i-Mualla, fechado el 24 de shaba98 u                                   octubre, segundo año de Bahadur Shah —28 octubre 1708— y                                 citado por el Dr. Ganda Singh en la obra Makhiz-i-twarikh-i-                            sikhan, página 83).

            Jamshed Khan  no era un alto dignatario en quien el Emperador  tenía que conferir honores mayores. Él únicamente era un espía de Wazir Khan.

            Dos días después, el 30 de octubre de 1708, el Emperador ordenó que  se le obsequiara una túnica de luto a la familia del Gurú Gobind Singh.  Esto significa que el Emperador trató a  Jamshed Kahn y al Gurú Gobind Singh a un nivel de iguales,  confirmando así que Jamshed Khan disfrutaba el  patrocinio del Emperador.

            El 11 de maghar o noviembre de 1708 se hizo público que el difunto Gurú había dejado vastas propiedades. Varios miembros de la corte imperial se preguntaron:   ¿cómo se debían  dividir?  Por otro lado, se afirmó que tales bienes no debían  llenar la tesorería imperial. “Se trata de la propiedad de un darvesh, o santo. No debe haber ninguna interferencia con ella,” ordenó el Emperador.

            En la forma de  colocar la propiedad del Gurú fuera del  alcance de los cortesanos de la corte imperial, la negativa del Emperador demuestra su diplomacia y su astucia. “Era puramente un lavado de su complicidad, un  fraude pío”,  escribe  H. R. Gupta (Historia de los Gurús sijs 240). 

EL ÚLTIMO Y FINAL SUCESOR: EL GURÚ GRANTH SAHIB

            El cirujano europeo del Emperador cerró inmediatamente la herida del Gurú y dentro de unos días, parecía Gobind Singh haber sanado. Empero, un poco después de que el Gurú jaló de un fuerte y duro arco, la imperfectamente sanada herida se abrió y resultó un profuso desangrar. En ese momento le quedó claro a Gobind Singh que la llamada del Padre Celestial había llegado; a consecuencia, el Gurú ofreció su último y resonante mensaje  a la asamblea de la  Khalsa sobre su misión religiosa.

            El miércoles, 6 de octubre de 1708,  (Budhawar, Katik chauth, shukla pakkh, Sambat 765) en Nander (la región  Deccan) le pidió al bhai Daya Singh que trajera el Granth sahib.  En seguida, el Gurú abrió  el Granth sahib, puso cinco paises99 y un coco frente al  texto y postró solemnemente  la cabeza ante la sagrada escritura como su SUCESOR:  el GURÚ GRANTH SAHIB. Exclamando Waheguru  ji ka Khalsa, Waheguru  ji ki Fateh,  dio una vuelta alrededor del  sagrado volumen y proclamó,  “Oh, amada Khalsa, permitid a quién desee contemplarme que contemple el Gurú granth sahib. Obedeced al Gurú  granth sahib. Es el cuerpo visible de los Gurús. Y permitid a quién desee conocerme que, con gran cuidado, examine los himnos.”  Cantó luego un himno de su propia autoría:100  

                        Agya bhai Akal ki tabhi chalayo Panth                     

                        Sabh Sikhan ko hukam hai  Guru  manyo Granth                

                        Guru Granth Ji manyo pargat Guran ki deh                  

                        Jo Prabhu ko milbo chahe khoj shabad mein le              

                        Raj karega Khalsa aqi rahei na koe                       

                        Khwar hoe sabh milange bache sharan jo hoe.

Traducción de lo anterior:

                        Bajo las órdenes del Ser Inmortal,

                        la nación panth fue creada.

                        Todos los sijs están comprometidos

                        a aceptar el Granth como su Gurú.                                     

                        Considerad el Gurú granth sahib 

                        como la encarnación de los Gurús.      

                        Aquellos que quieran conocer a Dios,

                        pueden encontrar a Él  en los himnos.    

                        La Khalsa gobernará

                        y sus antagonistas dejarán de existir. 

                        Los perdidos se unirán

                        y todos los devotos serán salvados.

En  agradecido reconocimiento de las buenas obras espirituales por parte del fundador de su religión, el Gurú profirió un dístico101 pérsico, cuya traducción es:

           

            Gobind Singh obtuvo del Gurú Nânak

            la hospitalidad, la espada, la victoria y la  ayuda inmediata.

           

            (Estos dos versos fueron impresos en un sello  hecho por los sijs después de que el Gurú partió a su morada celestial y los  adoptó Ranjit Singh para  su moneda una vez que él había asumido el título de maharajá del Panjab.)   Ascendió Gobind Singh luego a su morada celestial. Los sijs hicieron las preparaciones para las exequias justo como el Gurú les había instruido:  se cantó  la “Sohila”102   y se compartió la parsahd o sagrada comida.

            Mientras que todos estaban lamentando la pérdida de Gobind Singh, llegó un sij y dijo, “¿Piensan Uds.  que el Gurú en verdad está muerto?  Yo me lo encontré esta misma mañana y montaba su caballo castaño. Después de saludarlo con reverencia,  le pregunté  adónde viajaba y sonriendo, él contestó que iba al bosque en una excursión de  caza.”  Los sijs que oyeron esta declaración llegaron a la conclusión que  todo era un juego del Gurú, que él vivía una no interrumpida beatitud y  que él se presentaba dondequiera que él era recordado. Quien valora en su corazón hasta  un grano del amor del Señor, es el bendecido o la bendecida y el Gurú se aparece a tal devota o devoto de manera  misteriosa. Por lo tanto, para semejante Gurú que ha partido en cuerpo al Cielo, no debe haber  ningún luto.

            El Maestro retornó a su Casa Eterna  la primera mitad del mes, el 5 de katik u octubre, Sambat  de 1765—el 7 de octubre de 1708 d. de C.   Tenía 42 años de edad.

            Antes de dejar este mundo, el Gurú había decretado,  “Si alguien erige una capilla en mi honor, sus descendientes perecerán.”

            El templo sij en Nader se llama Abchalnagar.  En desafío al decreto del Gurú, fue construido por el maharajá Ranjit Singh en 1832.  A consecuencia, al morir el maharajá Ranjit Singh, la línea de su dinastía llegó a su fin. De esta manera, la profecía del Gurú se cumplió.

 

 

 

 

 

 

 

 

1Gurúado  s.m.  Neo.  Período de liderazgo religioso por parte de un Gurú. Administración,  gobierno, magisterio de un Gurú.  El gurúado es similar al papado del Papa en la Iglesia  Católica.  Junto con la labor fundadora del primer Gurú,  Nânak Dev, la religión sij ha  tenido diez Gurús, siendo los otros nueve:  Angad Dev, Amar Das, Ram Das, Arjan Dev, Har Gobind, Har Rai, Har Kishen, Tegh Bahadur y Gobind Singh.  Este último declara al   Gurú granth sahib, la Biblia de los sijs, como el eterno Gurú para toda la eternidad.  La abreviación neo. significa neologismo.

2Los invasores musulmanes que invadieron a la India.

3 bhai  s.m.  Hermano en el sentido religioso.

4masand    s.m.  Un tipo de sacerdote sij de una época pasada.  masand  s.m.  Un tipo de sacerdote sij de una época pasada.   La palabra masand parece haber  originado de la frase Mas Nad  la cual es la forma más corta de Masnedi-Ali,  o su Excelencia, el título que a menudo se les daba a los gobernadores mongoles.

5 Sambat  o  Samvat  s. m.   Nombre del calendario hindú.  Cf.  1734  d. de C.

6 Un día un sij vino y le propuso al Gurú que se casara con Sundri, la hija de aquél. El Gurú no deseaba tal relación familiar,  pero su madre lo convenció de que la aceptara.   Sin embargo, se cree que el nombre Sundri,  cuyo significado es “la bella", era un apodo de Jito, la primera esposa del Gurú y, por tanto,  no se trataba de una segunda esposa del Gurú.  Se cree también que Jito fue el nombre que le dieron sus propios padres a la primera esposa y que Sundri fue el nombre dado a Mata Jitoji  por el lado de la familia del Gurú.  (En Jitoji,  sufijo ji, pronunciado yi,  denota respecto y cariño.)  Esta confusión de nombres pasaba frecuentemente en la sociedad.

7  rani    s.f.  Esposa del rajá.

8  rattan   s.f.   Joya de Nam, siendo ésta el máximo regalo de la vida. Para la definición de Nam, véase la nota a continuación.

9 Nam   s. amb.   Nombre Divino.  Dios.  Palabra Divina.  Palabra Mística.

10 dewan   s.m. Un alcalde nombrado y no electo.

11 Victorioso Tambor en el campo de batalla.

12 darbar  s.f.  Corte del Gurú. Se usaba para dar consulta a los sijs y para solucionar casos de justicia.

13 kabuli  adj.  Hecha en Kabul o la capital de Afganistán.

14 48 kilómetros.

15 Pir  adj.  y s.m. y f.   Santo.

16 16 ó 24 kilómetros.

17 pathan  a. y s. m.   Afgano.  De Afganistán.

18 sadhu udasi    s.m. sing.  Hindú que ha renunciado el mundo material. Asceta.  Hindúes ascetas. 

19 10 kilómetros.

20 Jap sahib  comp.  Una oración de sagrada escritura. Parte del  Dasam granth compilado por el Gurú Gobind Singh.

21 swaya  s.f.    Oración de sagrada escritura. Parte del Dasam granth.

22 Akal ustat  comp.    Una sección del Dasam granth. 

23 Raipur está cerca de Ambala. En el fuerte de Raipur hay un gurdwara, o templo, en el lugar donde el Gurú cenó como el invitado de la rani. Hay también un gurdwara fuera del fuerte en el lugar donde fue armada su tienda de campaña.

24 granth  s.m.  Libro.

25 slok  s.m. Título de una estrofa.  Copla.

26 Cincuenta y dos bardos estaban permanentemente bajo su empleo, pero este número llegó  en algún momento a ser tan alto como 94 bardos.

29 jat  [yat]  s.m.   Campesino. 

30 Algunos dicen que Himmat Chand fue el tercer sij en dar el paso adelante y Mohkam Chand resultó ser el cuarto.

31 Lugar en la India central.

32 charanpauhal    s.f.    Agua bendita.   En la religión sij, a la ceremonia del bautismo se le nombra charanamrit.

33 Japji  [Yapyi]  s.f.   Sección del Adi granth, 1-8.  La recitación más benéfica de la Nam simaran, nam japam. Oración compuesta por treinta y ocho estancias, precedidas por un enunciado de base (mul-mantra) y seguidas por una estrofa (shalok) del Gurú Angad. En total,  posee  cuarenta partes versificadas.

34 amrit  s.m.   Néctar o ambrosía.

36 bhai  s.m.  Hermano en el sentido religioso.

37  nawab  s.m.   Gobernador.

38 darshan  s.f.   Vista santa del Gurú.  La experiencia de poder ver  en persona al Gurú y sentir su santidad.

39 mâyâ  s.f.      (Voz sáncrista.)  En el Vedanta y en el budismo, se refiere al conjunto de ilusiones que constituyen  el mundo material.   Materialismo.

40 darbar  s.f.  Corte del Gurú. Se usaba para dar consulta a los sijs y para solucionar casos de justicia.

41  tere  adj.  Vuestro.

42 ranghar  adj. y s.m. y f.  Una tribu del norte de la India.  

43 gujar   adj. y s.m. y f.  Una tribu del norte de la India.    

44 De hecho,  en 1689  se construyeron cinco fuertes en Anandpur. Éstos son: Anandgarh, Lohgarh, Fatehgarh, Kesgarh y Holgarh.

45 Vichitar Singh no era una persona de gran tamaño.   La  lanza pesaba unas 40 libras y hoy en día se exhibe dentro del fuerte Anandgarh en Anandpur.

46 gurdwara   s.m.   Casa o templo del Gurú.  Centro sij de reunión y de oración.  El templo sij.  La puerta del Maestro.

48 Salgram   s.f.   y  nom. prop.   Estatua de la diosa Siva.  Ídolo de los hindúes. Piedra de un collar.

49 El Gurú  estaba esperando entonces refuerzos por parte de  los sijs de la región de Malwa, el Panjab y eso  pedía una espera. De hecho,  los refuerzos sí vinieron, pero  llegaron demasiado tarde para la defensa de Anandpur.

50 saiyid  s.m.   Sacerdote mahometano.

51 Sambat  s. m.   Nombre del calendario hindú.  Cf. 1762 d. de C.

52 Algunos escritores dicen que 1500 sijs acompañaban al Gurú.

53 Se trata del nombre del bhai Jaita después de su bautismo. Este bhai  le había traído al Gurú la cabeza de Tegh Bahadur desde Delhi hasta Anandpur.

54  pathan  a. y s. m.   Afgano.  De Afganistán.

55 ranghar   adj. y s.m. y f.  Una tribu del norte de la India.

56 Se trata de un lugar a unas diez millas de Rupar.

57 gujar  adj. y s.m. y f.  Una tribu del norte de la India.

58 gurmata  s.m.   Resolución de la Khalsa o la asamblea sij.

59 Algunos escritores dicen que, en ese momento, habían once sijs dentro de la garhi o fortaleza hecha de tierra.

60 Hay  un  gurdwara  llamado  Tari  Sahib en ese lugar donde él aplaudió las manos. En Chamkaur Sahib, hay cuatro gurdwaras. El primero  se llama Damdama Sahib y es donde él descansó antes de entrar a la garhi; luego, tenemos el Garhi Sahib, que era la fortaleza; en seguida, el Katalgarh Sahib, donde se cremaron los cuerpos de los hijos del Gurú; y por último, existe el Tari Sahib.

61 chauri   s.m.  Un grupo de alas de pavo real que era abanicado sobre él como acto de respeto.

62 Uch da Pir quiere decir “sacerdote o faquir musulmán de Uch”, siendo este lugar un pueblo al suroeste de la región Panjab. La frase también significa “un alto sacerdote”.

63 Se dice que el Gurú conoció también a Nagahia Singh,  el hermano mayor del bhai Mani Singh.   Nagahia Singh  y  su hijo eran comerciantes de caballos y le ofrecieron el caballo al Gurú.

64 hukamnama   s.f.   Carta pública de autoridad del Gurú para sus discípulos.

65 langar   s.f.   Cocina o refectorio comunitario.  Dentro del sijismo, se trata de la institución la Langar del Gurú, o la Cocina Gratuita.   Es gratuita.  Existe una en cada gurdwara o templo.

66 ji   [yi]  suf.   Denota respecto y cariño.

67 nawab  s.m.   Gobernador.

68 qazi  s.m.  Un alto sacerdote mahometano o musulmán.

69 sahibzada  s.m.    Hijo del Gurú.

70 Se declara en Suraj parkash que Tilok Singh y Ram Singh,  los hijos del  baba Phul de Mehraj, cremaron los cuerpos. De casualidad, pasaban por Sirhind en ese momento.

71 El Gurú Nânak había bendecido al Emperador Mongol  Babar  para que tuviera  una dinastía de varias generaciones. Porque los monarcas mongoles se habían dado a  la injusticia, la falsedad, el engaño, la tiranía y la opresión, se necesitaba poner fin a su reinado. Al desenterrar el arbusto, el Gurú desenterró en verdad las raíces de la dinastía de los mongoles y, en el futuro cercano,  se les llegó el fin.

72 Tres años después de esta atrocidad, Banda Singh Bahadur arrasó hasta la nada con toda la ciudad-estado de Sirhind, destruyendo al enemigo de la rama a la raíz.

73  mahant  s.m.  Un alto superior en la  jerarquía de una orden religiosa.

75 chaudri o  chaudhry.   s.m.   Señor.

76 jat  [yat] s.m.   Campesino.

77 chaudhry o  chaudri.  s.m.   Señor.    

78 Majha   s.f.   Una región del Panjab.

80 raga   s.m.   Una medida musical.  Modo melódico hindú que expresa un estado de espíritu.  Modos musicales.

81 ragini  s.f.    Una medida musical pero más corta que el raga.  Modo melódico hindú que expresa un estado de espíritu.  Modos musicales.

82 Después, se prepararon  copias  de este bir o granth, es decir, libro.  La palabra bir significa  libro.  La palabra di significa de, es decir, el libro Damdama sahib di bir originó en la ciudad de Damdama.

83 Nirmala   s.f.  Se trata de una orden de estudiosos de la religión sij.

84 Véase:  Koer Singh, Gur Bilas Patshahi  10:  “Todos los días  el Gurú distribuía monedas de oro y  plata; de esta manera,   un grupo innumerable de soldados llegó  así a ser atraído al lugar.”

85 marahta  s.m y  f.  Miembro de una  una nación al sur de la India.

86 mahant  s.m.  Un alto superior en la  jerarquía de una orden religiosa.

87 Algunos escritores dicen que Bahadur Shah se valió de otras personas para solicitar la ayuda del Gurú.

88 rajput   s.m. y f.  Una tribu hindú. 

89 mahant  s.m.  Un alto superior en la  jerarquía de una orden religiosa.

90 bairagi   s.m.   Hermitaño.  Que renuncia el mundo.

91 ashram  s.m.   Centro religioso.

92 pir    s.m.    Seguidor de una tradición mística musulmana.

93 bairagi s.m.   Ermitaño. Que renuncia el mundo.

94 banda  s.m.   Esclavo.

95 pathan  a. y s. m.   Afgano.  De Afganistán.

96 hukamnama   s.f.   Carta pública de autoridad del Gurú para sus discípulos o seguidores.

97 marahatta   s.m.   Un clan de la parte centro-oeste de la India.

98 shaba  s.m.  Octubre en el calendario musulmán.

99 paises     s. m.   Fracción de una rupia, o la moneda de la India.

100 Véase: Surjeet Singh Gandhi, History of the skih Gurús.,  466.

101 dístico  s.m  Entre los griegos y latinos, composición poética formada por un hexámetro y un pentámetro. En la poesía castellana, composición que consta de dos versos con los cuales se expresa un concepto completo. 

102 Sohila  s.m.  Una sección de la Sagrada Escritura la cual se recita todos los días inmediatamente antes de dormir.  También, se recita al final del funeral de una persona.